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Para Leibniz, ¿en qué consiste la materia?

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Autorretrato

Descartes hacía una división entre las sustancias cognoscentes (res cogitans) y las sustancias corpóreas (res extensa) y Leibniz hace una crítica a esa forma de concebir las sustancias corpóreas como mera extensión. Entiende Leibniz que no consiste el cuerpo sólo en extensión (magnitud, figura y movimiento) sino que necesariamente hay en él algo relacionado con el alma y que él llama forma sustancial1. La razón principal de la crítica que hace Leibniz a la extensión es que es un concepto que encierra algo imaginario, algo más bien puesto por nosotros, algo que no está en las cosas sino en nuestra forma de percibir. Le parece la extensión algo cercano a otras cualidades como el color y el calor2. El atributo propio de la materia no es la extensión sino la fuerza y lo relaciona Leibniz con el problema del movimiento de los cuerpos3.

Cada porción de materia del mundo está llena de criaturas y cada porción de materia de cada criatura de más criaturas4, hasta el infinito. Es el modo en que se expresa la fertilidad del universo en la materia, pues en él no hay nada estéril y todo es orden, pues todo ha sido pensado y así dispuesto por Dios5. De este modo, los cuerpos de los organismos vivos son una especie de máquina hecha por Dios, son como autómatas naturales, no hay nada dejado al caos en ellos, todo encaja perfectamente, encontramos orden en cada porción infinitesimal que cogemos6, no lo percibimos porque no podemos llegar a observarlo, pero si pudiéramos sería como acercarnos a un estanque de peces y comprobar que lo que ahí allí no es un puro desorden sino peces que se mueven7.

El cuerpo es un agregado de mónadas. Pareciera que hay una mónada dominante, llamada entelequia en los vivientes y alma en los animales8, una mónada que configura el agregado, lo cohesiona. No la hay en el sentido de que no hay una relación directa, inmediata, entre ellas, pero Dios las acopla de un modo tal que una de ellas pareciera que domina a las otras9, tiene mayor peso y mantiene unido al cuerpo. Dice Leibniz que los cuerpos actúan como si no hubiera almas y las almas como si no hubiera cuerpos, no hay una relación directa, sólo la armonía preestablecida por Dios10, ésta es la responsable de que parezca que sí que existe esa correspondencia.

Distingue Leibniz, como he dicho antes, entre entelequias y almas y señala que sólo llama almas a aquéllas cuya percepción es más distinta, es decir, es más perfecta, y además acompaña esta percepción por una memoria11. Los animales, al igual que los hombres, tienen alma, pero su alma no es racional como la nuestra.

Los cuerpos no son inmutables, están en un cambio contínuo. No están formados por un agregado invariable, no es que tenga ciertas mónadas a su servicio sino que están como de paso, fluyendo. El cuerpo es como un río por el que fluyen las mónadas constituyéndolo en un cambio permanente12. El alma sí permanece pero la composición del cuerpo va variando de forma constante y gradual. Las mónadas que constituyen el cuerpo las entiende Leibniz como los órganos de un organismo viviente, en contínuo cambio13. Mi piel tiene cierta forma que la mantiene estable en el tiempo pero las células que la forman están en contínua renovación, en contínuo proceso de relevo. Se va regenerando pero nunca hay una regeneración completa, hay algo que permanece sin cambios, sigue siendo mi piel.

La forma sustancial de un cuerpo es previa a su constitución. Exista la preformación, es decir, hay un orden por el cual se dispone el desarrollo de los cuerpos orgánicos, los cuerpos naturales. Antes de que un organismo sea concebido, existe el cuerpo, pero en un estadío de preformación, ya con un alma14. Es sencillo imaginar aquí cómo podría utilizarse como un buen ejemplo para entender el concepto de preformación la información genética de los seres vivos. Podríamos entender el ADN como el estadío de preformación, en el que ya está todo el cuerpo implícito, aunque no aún desarrollado, desenvuelto. Pero en él se dispone toda la información necesaria para construirlo, podríamos decir que en él ya está su forma sustancial, está completamente determinado.

Nunca hay una generación completa15, nada se crea. En el ADN están los animales y en los animales el ADN. Se despliega en animal, se repliega, se vuelve a desplegar… Llama Leibniz a las generaciones desenvolvimientos o crecimientos y a las muertes envolvimientos o disminuciones16. La diferencia es de grado, nunca hay generación ni muerte en sentido riguroso17. Sólo Dios no tiene cuerpo, el resto de sustancias sólo se despojan de él por grados, nunca completamente18.

1Discurso de metafísica: 12.

2Discurso de metafísica: 12.

3Discurso de metafísica: 18.

4Monadología: 66.

5Monadología: 69.

6Monadología: 64.

7Monadología 67-69.

8Monadología: 63.

9Monadología: 70.

10Monadología: 81.

11Monadología: 19.

12Monadología: 71.

13Monadología: 72.

14Monadología 74.

15Monadología: 76.

16Monadología: 73.

17Monadología: 76.

18Monadología: 72.

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Written by umanoidemanme

14 julio, 2010 at 11:57

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