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Meditación Metafísica I

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Efecto Lomo en SepiaComentario a la primera meditación metafísica de René Descartes.

René Descartes (1596-1650) inauguró con su filosofía el racionalismo. El racionalismo establece que nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden no de nuestros sentidos sino de la razón, del entendimiento mismo. El racionalismo tiene su marco de comprensión en el período histórico propio del surgimiento de la ciencia y la filosofía modernas. Es un terreno común que comparte con su oponente teórico clásico: el empirismo, que estima como origen y fundamento del valor de nuestros conocimientos su dependencia de la experiencia sensible.

Meditaciones metafísicas es una obra de madurez. El método expositivo es muchas veces dialéctico y se trata de un discurso narrado. Está escrita en primera persona. Fue publicada primero en latín en 1641 y después en francés 1647 para que fuera comprendida también por un público no erudito o especialista. Está constituida por seis meditaciones precedidas por una carta “A los señores decanos y doctores de la Sagrada facultad de teología de París”, un “Prólogo” y un “Resumen de las seis meditaciones siguientes”.

Recuerdan estas meditaciones a los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola: unas meditaciones a realizar durante seis días en un orden determinado bajo un director espiritual. San Ignacio es el fundador de la Compañía de Jesús y el colegio de La Fléche donde estudió Descartes había sido fundado por jesuitas. Los ejercicios espirituales eran una práctica importante en la educación de los alumnos por lo que no extraña que Descartes eligiera un formato parecido.

Descartes comienza la meditación primera con el objetivo de encontrar unos fundamentos sólidos, indubitablemente ciertos. Examina los principios de sus conocimientos, buscando motivos de duda en ellos.

Es la duda de Descartes una duda metódica y no existencial, no es él un escéptico. Intenta deshacerse de todos sus fundamentos discutibles, de todos los que puedan ser horadados por la duda, para encontrar una certeza primera con la que fundamentar una nueva ciencia. Pretende combatir la incertidumbre mediante el ejercicio de la razón, no dogmáticamente.

En su tiempo, no sólo Descartes intentó encontrar un método único capaz de llevarnos a la verdad en todas las ciencias. También lo intentó Francis Bacon en el Novum Organum y Galileo en el Saggiatore, entre otros. También el Segismundo de La vida es sueñoentra en duda universal y da en reinar con sensatez y moderación, no sea que lo de la corte sea un mero sueño.

Primero se preocupa Descartes por los conocimientos “aprendidos de los sentidos o por los sentidos”. Los sentidos no son fiables porque sabemos que a veces nos engañan y aunque no por ello podamos pensar que nos engañan siempre, no podemos estar seguros de que no lo hagan más a menudo sin que nos demos cuenta.

Ni siquiera podemos estar seguros de diferenciar el estado de vigilia del de ensoñación. Pero los sueños son productos de la imaginación, representaciones de la realidad. Y, aunque la imaginación pueda combinar figuras para construir otras distintas, siempre hay elementos básicos reales (la magnitud, el tiempo, la cantidad,…). Encuentra Descartes que la Geometría y la Aritmética, al parecer, “contienen algo de cierto y de indudable”.

Pero, ¿no podría Dios inducirme a errar cuando enumero los lados de un cuadrado? Por supuesto, Dios es omnipotente. Y si me permite que a veces me engañe y me equivoque, ¿por qué no va a hacerlo siempre? Porque es infinitamente bondadoso. Pero, ¿y si hubiera un genio maligno que me engañara constantemente? Entonces tendrá Descartes que andarse con cuidado y no tomar como ciertas todas las “cosas exteriores”, ni su cuerpo, ni siquiera sus sentidos.

Con la hipótesis del genio maligno la duda se ha radicalizado de tal manera que ha quebrado todas nuestras creencias tradicionales sobre lo que puede ser verdad o mentira. A partir de ahora, Descartes tendrá que remontar esta situación construyendo un conocimiento sobre una base sólida.

Para Caturelli, la duda de Descartes no es duda ni es universal: en busca de una evidencia, pone entre paréntesis toda certeza. Sólo simula que todo lo aprendido es falso. Pero el acto de dudar implica haber podido dudar de todo, y haber podido dudar de todo implica una evidencia anterior a todo pensar.

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