Theorein

¡Hagamos teoría!

El argumento ontológico de San Anselmo usado por Descartes

with one comment

El llamado argumento ontológico con el que Descartes pensaba demostrar la existencia de Dios partiendo de la sola idea del ser perfecto (y no partiendo de algo existente)

  1. El ser perfecto existe necesariamente
  2. Dios es el ser perfecto
  3. Luego Dios existe necesariamente

peca contra algunas de las reglas de la teoría de la suppositio.

En el arte de razonar es fundamental dominar bien las palabras que empleamos, así que empezaré el análisis examinando los términos de cada una de las proposiciones y su suplencia:

En la proposición (i) “El ser perfecto existe necesariamente”, el término “ser perfecto” suple porque existe una cosa a la cual le conviene este término teniendo en cuenta el tiempo de la cópula: presente. Podríamos decir que suple con respecto a una existencia ideal, es decir, una existencia no actual sino posible o imaginaria, entendiendo la perfección como un objeto mental más que real.

En la proposición (ii) “Dios es el ser perfecto”, el término “Dios” suple porque existe una cosa a la cual le conviene este término teniendo en cuenta el tiempo de la cópula: presente. No estoy segura acerca del tipo de existencia con respecto a la que suple, quizás para Descartes esta existencia sea real y no ideal. Sin embargo, sea como sea, en la conclusión (iii) Dios existe necesariamente, la existencia que se le supone a “Dios” es real, pero se ha usado para el razonamiento al menos una proposición (i) en la que el término suple con respecto a la existencia ideal, lo que invalida al razonamiento aunque el modo silogístico sea válido. El argumento peca contra la segunda regla: el modo de existencia con relación al cual es tomada la ‘suppositio’ no debe variar en un argumento de las premisas a la conclusión.

Si entendiéramos que el tipo de suplencia en los tres casos es respecto a una existencia ideal, entonces el razonamiento sí sería válido, pero no diría nada acerca de la existencia real de Dios. Sin embargo, Descartes transgrede la segunda regla con esta reformulación del argumento de San Anselmo, denominado “argumento ontológico” por Kant. Confía en exceso el filósofo en el poder de la razón. Sostiene una existencia real, tras un razonamiento en los que los términos suplen con respecto a una existencia meramente ideal.

Descartes es el mayor representante del racionalismo francés que, oponiéndose al empirismo, que resalta el papel de la experienca en la adquisición del conocimiento, acentúa el papel de la razón en la adquisición del mismo. Pero, según la teoría de la suppositio, el salto que da, de una existencia ideal a una real, es ilegítimo. Puede que la idea de Dios exista necesariamente, pero no Dios mismo, como cosa real, con existencia actual.

Descartes distingue entre ideas adventicias (que provienen de causas exteriores), innatas (como la idea de Dios) y las inventadas (como las quimeras). Todas las ideas que representan sustancias tienen realidad objetiva que se da como en grados de realidad o de ser. Todas las ideas tienen el mismo grado de realidad formal y por esto se entiende lo que tiene una cosa por el simple hecho de existir. Así no hay diferencia evidente entre la idea de árbol y la de Dios en cuanto realidad formal, pero sí en tanto realidad objetiva: un árbol es una sustancia finita y Dios una sustancia infinita.

Descartes emprende su formulación del argumento ontológico desde el principio de causalidad. Este principio indica que debe haber por lo menos tanta realidad en la causa total como en el efecto de esa causa. De tal manera, el principio de causalidad afirma que el grado de realidad de la causa debe ser igual o mayor que el grado de realidad de su efecto. Esto, claro, refiriéndose a las ideas que representan sustancias. El principio de causalidad se aplica tanto a la realidad formal como a la realidad objetiva.

El concepto de sustancia en Descartes es distinto al concepto de sustancia en Aristóteles. En pocas palabras, la sustancia para Aristóteles carece de causalidad. En cambio, para Descartes, las sustancias son causas de otras y las causalidades se rigen precisamente por esa línea jerárquica de la realidad objetiva.

Así, tenemos una idea de Dios, por lo que ya podemos decir que ésta es el efecto de alguna causa. Descartes habla de una idea demasiado grande, de la que podamos estar seguros que nosotros no somos su causa, y ésta es la idea de Dios. El problema, pues, radica en conocer de dónde proviene la causa de una idea tan grande. Resumimos así la prueba de la existencia de Dios: 1) tenemos la idea de algo que tiene perfección infinita; 2) tenemos una idea de nosotros como sustancia finita e imperfecta; 3) según el principio de realidad objetiva, debe haber tanta o más realidad en la causa de cualquier idea, que en la idea resultante (efecto); 4) de esa manera, la idea que tenemos de perfección infinita se origina de un ser con perfección infinita formal; 5) así concluimos que esa idea no es originada o causada por nosotros mismo; y 6) entonces el origen de la idea solo puede venir de la existencia real de un ser infinito que llamamos Dios.

About these ads

Written by umanoidemanme

24 febrero, 2011 a 15:30

Una respuesta

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. y el origen de un ser mitológico? o imaginario? como se explicaria?

    pepe

    1 noviembre, 2011 at 0:25


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: