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¡Hagamos teoría!

Rule 34, de Charles Stross

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Un mes justo (del 24 de julio al 24 de agosto) he tardado en leer este libro. La verdad es que lo encargué con muchas ganas, puesto que Stross es uno de mis escritores de ciencia ficción preferidos, y Halting State, la novela de la cual Rule 34 es una secuela (y de la que ya hablé aquí), me gustó bastante. Sin embargo, ya veis cuánto me ha costado terminarla. No todo ha sido por culpa de la novela, puesto que una semana estuve de vacaciones y no me lo llevé, pero cuando he podido seguir leyendo, muchas veces he preferido hacer cualquier otra cosa.

Para los que no lo sepáis, os aclaro que la “regla 34″ a la que hace referencia el título de la novela apareció en una tira de xkcd hace ya algunos años y dice lo siguiente: si puedes imaginarlo, existe porno en internet sobre eso.  Sin embargo, la novela no va sobre porno en internet, sino sobre el spam. La protagonista es Liz, a la que ya conocimos en Halting State, y que ha sido trasladada, como castigo por el caso de dicha novela, a una unidad especial en la que, junto con sus ayudantes, tiene que vigilar que los pervertidos que relatan sus fantasías más retorcidas en internet no pasen al acto.  Un día en que está de guardia recibe un aviso de un agente que se ha encontrado con un caso bastante espinoso. Cuando Liz llega descubre que un tipo que estuvo en la cárcel unos años atrás por un delito de spam ha muerto envenenado mediante un enema. Poco a poco Liz descubre que en Europa está muriendo gente relacionada con el spam en “accidentes caseros”. La trama se va complicando, lógicamente, involucrando a un tal Anwar, un escocés musulmán que ha cometido, en el pasado, algunos delitos de poca monta en internet, a un tal Christie que trabaja para una misteriosa “Operación”, a Dorothy, una ex de Liz, y varios personajes más. También aparece Kemal, el miembro de la Interpol que ya conocimos en Halting State, y que también fue degradado por ese caso y sospecha que tras las muertes no se oculta ninguna persona, sino otra cosa.

En fin, la novela trata sobre la Singularidad, pero desde una perspectiva distinta. No nos encontramos con superordenadores inteligentes, o cyborgs, o posthumanos, sino tan sólo un software que podría haber cobrado consciencia. Es decir, que Stross decide huir de la espectacularidad o de los cambios radicales que aparecen en otras novelas que tratan sobre los efectos de la Singularidad. En este caso, dichos efectos son más modestos.

Cuando escribí sobre Halting State comenté que uno de los aspectos más criticados de esa novela era que cada capítulo estaba protagonizado por uno de los personajes y que el narrador hablaba siempre de él en segunda persona. Es decir, que todo era “te acercas a la puerta, la abres y ves que dentro hay tal”. Muchos lo encontraron molesto, aunque a mí no me lo pareció. Pero en esta novela, sí. Se me ha hecho irritante y pesado. Además, mientras iba leyendo, la historia me enganchaba, pero en la siguiente ocasión en que debía continuar leyendo, no me apetecía seguir. Llegó el momento en que Liz, Kemal y el resto se me volvieron tan cansinos que me daba igual lo que les pasara.

No se trata, por lo tanto, de la mejor novela de Stross…

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Escrito por usoidesfero

27 agosto, 2011 a 18:04

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