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¡Hagamos teoría!

El Mapa y el Territorio, de Michel Houellebecq

con 2 comentarios

Me he llevado unos días sin conexión a internet, así que he aprovechado y he leído la última novela de Houellebecq, El Mapa y el Territorio. He leído hoy en twitter que Alberto Rey la terminó hace unos días y que le costó cuatro meses hacerlo. Cuatro meses que él describe como perdidos. Por suerte, yo he tardado sólo unos cuatro días, que no calificaré como perdidos, pero sí como decepcionantes.

El Mapa y el Territorio se diferencia del resto de las novelas de Houellebecq en una serie de aspectos. Y, en mi opinión, no para bien. En primer lugar, lo que más me llamó la atención de esta novela es su falta de humor. En el resto de novelas de Houellebecq siempre encuentras pasajes en los que te ríes. Normalmente, algún personaje suelta una barbaridad o el protagonista expresa su malestar de un modo absurdo, etc. Nada de eso sucede en El Mapa. Todo está contado con una seriedad que roza el aburrimiento en ocasiones. Lo único en que se atisba un poco del antiguo humor de Houellebecq es cuando Jed, el protagonista, se entrevista con él la segunda vez. Pero tampoco esperéis gran cosa de ese encuentro.

Otra diferencia consiste en que en las novelas anteriores de Houellebecq era posible encontrar multitud de frases citables. De hecho, parece como si Houellebecq hubiera ido recopilando las frases ingeniosas que se le ocurren y hubiera construido sus novelas alrededor de ellas. En El Mapa no recuerdo ninguna frase que me llamara la atención. Los personajes sueltan sus discursos, como en las otras novelas, pero sin chispa o ingenio.

Tampoco encontramos un personaje femenino importante. Sí, está Olga, la chica rusa, pero sale poco y no es un personaje demasiado jugoso. Se produce la escena típica en Houellebecq de que se encuentran y es la chica (joven, segura de sí misma y con una carrera exitosa) la que decide ir a por el protagonista (un tipo gris, pero con algún talento oculto que sólo ella podría descubrir). Sin embargo, en este caso, la relación no cambia la vida de Jed, ni tiene mucho interés, por otro lado.

Normalmente Houellebecq no desvela el sentido de su historia hasta que ésta no esté bien avanzada. Por ejemplo, en Plataforma transcurren unos dos tercios hasta que el protagonista tiene la idea de los hoteles orientados a la prostitución y el turismo sexual. En este caso, es igual, pero el cambio es tan radical que no parece haber continuidad. De hecho, creo que es posible leer las dos primeras partes, con la exitosa carrera de Jed, como una novela independiente, y la tercera, con el crimen y la investigación, como otra.

En fin, como le comenté a umanoidemanme, si el autor de El Mapa y el Territorio hubiera sido otro, probablemente me hubiera gustado más, pero la verdad es que esperaba otra cosa de Houellebecq.

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Escrito por usoidesfero

7 septiembre, 2011 a 20:49

2 comentarios

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  1. Hola, tines razón, la novela es mucho más pausada y reflexiva sin aquéllos pasajes volcánicos a los que nos tenia acostumbrados. Respecto a lo del sentido del humor, creo que cuando lo entirran en un ataud para niños, eso vale por todos momentos cómicos de sus anteriores novelas. Yo diría que lo que esperabas no era otra cosa, sino más de lo mismo y lo que nos ofrece es una evolución bastante lúcida; parece que tiene menos cuentas que saldar con la vida, quizás por ello lo del personaje femenino tan irrelevante y el aparente sosiego de Jed. A mi me ha encantado.

    German

    9 noviembre, 2011 a 17:47

  2. He ahí el artista. El artista está sobre ello. Está por la labor de perfeccionar eso que expulsa y hacerlo cada vez más bello, darle cada vez más sentido. Es sobremanera difícil que se halle a alguien más tolerante con la hediondez que barrunta de los estados intermedios de la obra que intenta convertirse en Arte. El artista está allí metido hasta los huesos, enlodado hasta la coronilla como el niño que amasa la propia inmundicia. Huele muy mal eso. Casi nadie quiere ver, casi nadie saber y menos probar. ¿Pagar por ello? Ni de casualidad verás un duro. ¿Quién va a pagar por algo que uno mismo puede hacer fácilmente a solas en su baño? Y esta es una «buena» idea; de hecho, casi todos los artistas comienzan así. Encuentran festivo lo de trabajar con la propia borrasca y se lanzan, y comienzan, y practican, y resulta que algunos siguen y siguen… La mayoría obviamente abandona el juego al poco tiempo; es que si haces bien esto de gustar y de oler tu propio desecho hasta enlodarte en el paroxismo, recién entonces, caes en cuenta de que cagar no lo era todo.

    The Translator

    30 enero, 2012 a 6:12


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