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Paternalismo médico

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Resumen del capítulo “Paternalismo médico” del libro Ética médica. Las responsabilidades morales de los médicos de Beauchamp y McCullough.

La palabra paternalismo se ha utilizado tradicionalmente pare referirse a la práctica de tratar a las personas como un padre trata a sus hijos. En su aplicación a los médicos, esta analogía alude a dos rasgos del papel paterno: 1) la beneficencia del padre (es decir, su actuación en defensa de los mejores intereses de sus hijos), y 2) la legítima autoridad del padre (es decir, su posición en una actitud autoritaria que le permite tomar ciertas decisiones en nombre de sus hijos, anulando los deseos o decisiones de éstos).

En la filosofía moral, paternalismo es la limitación intencionada de la autonomía de una persona por parte de otra cuando la persona que limita la autonomía apela exclusivamente a motivos de beneficencia hacia la persona cuya autonomía está limitada. La esencia del paternalismo, por lo tanto, es dejar de lado el principio de respeto a la autonomía apoyándose en el principio de la beneficencia.

Argumentos antipaternalistas:

El argumento que ha servido como base histórica del antipaternalismo es “el principio del daño” que propone John Stuart Mill: el único principio válido de interferencia en la autonomía de un individuo es la protección a una tercera parte. El interferir para proteger a un individuo autónomo de daños autoinflingidos es paternalista y está estrictamente prohibido. “La única parte del comportamiento de alguien por la que se es responsable ante la sociedad es aquella que afecta a los demás. En la parte que le afecta sólo a él su independencia es, de derecho, absoluta”.

Se han propuesto dos grandes líneas de razonamiento filosófico a favor del antipaternalismo: la primera mantiene que incluso las normas paternalistas en principio limitadas permiten amplias limitaciones de la libertad, que inevitablemente conducen a consecuencias adversas graves si se institucionalizan los principios paternalistas, el paternalismo podría aportar un buen terreno para muchas ocultaciones a los pacientes, y la segunda procede del escepticismo ante la suposición de que los médicos tienen la capacidad de conocer los mejores intereses de los pacientes y sus familiar mejor que los pacientes y las familias, esta línea mantiene que nadie, excepto el individuo concreto que sufre la enfermedad o las lesiones, puede conocer sus mejores intereses.

Argumentos paternalistas:

El paternalismo es un término muy amplio. Hay que distinguir entre un tipo de paternalismo que sólo interviene para controlar comportamientos fundamentalmente no autónomos (paternalismo débil) y otro tipo que controla tanto aquéllos como los comportamientos fundamentalmente autónomos (paternalismo fuerte).

El paternalismo fuerte apela al derecho de no tener en cuenta o prevenir tanto los actos autónomos como los no autónomos de las personas, aunque dichos actos sólo afecten significativamente a las mismas personas. El paternalismo débil mantiene que la conducta de una persona que sólo le afecte a ella únicamente puede ser limitada si es básicamente no autónoma. En medicina es la postura que mantiene que en los casos en los que la capacidad de una persona de tomar decisiones autónomas se encuentra básicamente disminuida respecto a la decisión médica en cuestión, está justificado dejar de lado las elecciones y deseos expresados por el paciente.

El paternalismo débil no parece distinguible del antipaternalismo puesto que no puede limitar la autonomía si ésta no existe o si está ya considerablemente limitada. Tanto el paternalismo débil como el antipaternalismo están de acuerdo en que es justificable la interferencia para proteger al paciente de males producidos de forma no autónoma y en que no es justificable la interferencia para proteger al paciente de males producidos de forma autónoma. Solamente el paternalista fuerte justificaría intervenciones en contra de la autonomía.

El paternalismo médico fuerte puede estar justificado si 1) hay un riesgo considerable en caso de no intervención por el médico o de no cumplimiento por el paciente, 2) el riesgo de la intervención médica es menor, y 3) la limitación de la autonomía que supone la intervención médica es una limitación menor (esta condición impone que no estén en juego creencias o valores, significativos para el paciente, en la intervención propuesta).

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