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Tomás de Aquino acerca de la verdad

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La tesis que sostiene Tomás de Aquino acerca de la verdad es la identificación entre lo verdadero y el ente. De ella parte en Sobre la verdad y presenta argumentos a favor, argumentos en contra y los debate.

Entre los argumentos a favor de su tesis está, primero, un argumento de autoridad: Agustín ya había identificado lo verdadero con aquello que es, y lo que es no es, para Tomás, otra cosa que el ente. A esto se le replica que lo verdadero y el ente son lo mismo en cuanto al objeto pero difieren en cuanto a la razón, pero Tomás responde que una verdad pensada es distinta a esa verdad realizada en el ente, pero en la razón son exactamente igual. Al final del artículo, Tomás vuelve a responder a este argumento diciendo que en lo verdadero es aquello que es, no puede entenderse el “es” como acto de ser, sino en términos del entendimiento, es decir, en términos de la significación de dicha proposición, cuando algo que es se dice que es.

Entiende Tomás que el ente no puede entenderse si se separa de lo verdadero porque, si se entiende, es por ser verdadero. Y si el ente no fuese verdadero debería ser una disposición del mismo ente y se produciría una contradicción, no puede ser una disposición del ente no ser verdad, son absolutamente lo mismo.

Si no fuesen el ente y lo verdadero lo mismo, deberían distinguirse de algún modo, pero no difieren en nada, el ente es verdadero por su esencia. Para acabar, lo verdadero no añade nada al ente, son sólo exactamente lo mismo.

En contra de su tesis presenta, Tomás, varios argumentos. El primero es que sería una futilidad, una tautología decir que el ente es verdadero, pero sin embargo, no nos lo parece, entonces, es que no son exactamente lo mismo, debe haber alguna distinción entre ente y verdadero. Pero al final del artículo, en la respuesta a los argumentos en contra, añade Tomás que no es una tautología porque al decir verdadero expresamos algo que no se expresa con el nombre de ente, pero no difieren en la realidad.

El ente y lo bueno le parecen convertibles pero, sin embargo, lo verdadero no le parece convertible con lo bueno. De este modo, lo verdadero no podría ser igual que el ente. También, partiendo de una cita de Boecio: en todas las criaturas es diverso el ser y lo que es, argumenta que lo verdadero sigue al ser, pero, entonces, no pueden ser lo mismo. En las criaturas, lo primero creado es el ser, y luego viene todo lo demás al determinarse el ente, asímismo, son cosas diversas.

Otro argumento en contra es que ni siquiera en Dios hay una unidad perfecta entre el ente, el uno, lo verdadero y lo bueno, porque cada una de estas perfecciones emanan de una fuente distinta: el ente de la esencia, el uno a la persona del Padre, lo verdadero al Hijo y lo bueno al Espíritu Santo, entonces, si Dios es la causa de todo lo demás y en él no hay una equivalencia, no puede haberla en las criaturas. Pero esta objeción le parece triplemente defectuosa porque: primero, aunque las tres personas divinas se distinguen realmente, sus atributos no difieren en la realidad sino en la razón; segundo, las personas se distinguen entre sí, pero no se distinguen del ser, de este modo el atributo de lo verdadero no se distingue del ser; y tercero, si bien estas perfecciones tienen más unidad en Dios que en la creación, no es necesario que, porque en Dios se distingan en la razón, se distingan en las cosas creadas realmente. El ente, lo veradero, lo uno y lo bueno exigen por su propia razón ser una unidad, allá donde se encuentren, serán siempre una unidad, aunque sea más perfecta la que ocurre en Dios.

En su respuesta, recurre Tomás a la figura de Avicena que sostenía que lo que concibe el entendimiento primordialmente como lo más conocido y en lo que resuelve todos sus conceptos es el ente, entonces es necesario que el resto de conceptos surjan de una adición al ente. Pero no se le puede añadir nada a éste, cualquier cosa que se le pueda añadir ya debe estar en su naturaleza.

Según el Filósofo, es decir, Aristóteles, al añadir algo al ente, lo único que podemos hacer es expresar un modo del ente que no viene expresado mediante el nombre del ente en cuanto tal. Esto ocurre porque el modo expresado sea algún modo especial o porque sea un modo que acompaña en general a todo ente, a su vez, esto último puede entenderse de dos maneras: que acompaña a todo ente considerado en sí mismo o que lo acompaña en orden a otro. No le parece a Tomás que la primera manera pueda tomarse en cuenta, sin embargo, la segunda sí parece interesarle. Pero que el modo del ente expresado sea un modo que acompaña en general a todo ente en orden a otro, se puede entender conforme a la división de un ente a partir de otro, es decir: todo ente es un algo, en en sí algo indivisible pero dividido, distinguido de otros; o se puede entender como conveniencia de un ente con otro, pero esto no es posible excepto en las almas, que están constituidas para convenir con todo ente.

El alma tiene una facultad cognoscitiva y una apetitiva. La conveniencia del ente con respecto del apetito es lo bueno y la conveniencia del ente con respecto al entendimiento es lo verdadero. Lo que añade la verdad al ente es la adecuación de la cosa y el entendimiento, así el ente precede a la verdad y el conocimiento es un efecto de la verdad. Según esto se puede definir la verdad de tres formas:

  • la primera, conforme a lo que precede a la razón de la verdad, entonces, lo verdadero es aquello que es (Agustín), la verdad de cada cosa es la propiedad de su ser que le ha sido establecido (Avicena) o lo verdadero es la indivisión del ser y aquello que es.
  • la segunda, conforme a lo que realiza por completo formalmente la razón de lo verdadero, entonces, la verdad es la adecuación de la cosa y el entendimiento (Isaac), la verdad es la rectitud perceptible por la sola mente (Anselmo) o cuando definimos lo verdadero decimos que es lo que es, o bien que no es lo que no es (Aristóteles).
  • la tercera, conforme a su efecto, así, lo verdadero es manifestativo y proclamativo del ser (Hilario) o la verdad es aquello por lo que se muestra aquello que es o la verdad es aquello conforme a lo cual juzgamos de las cosas inferiores (ambas definiciones de Agustín).

 

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