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¿Por qué, según Leibniz, la sustancia individual debe incluir en sí misma el mundo entero?

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Hola, gatito

Leibniz define la sustancia individual o mónada como un sujeto al que se atribuyen predicados y que no se puede atribuir a ningún otro como predicado. Para que un predicado pueda ser atribuido a un sujeto, éste debe estar en la naturaleza de aquél, es decir: el término del sujeto siempre debe encerrar el del predicado. Un conocimiento perfecto de una sustancia individual (como el que tiene Dios) incluye todos sus predicados. Dios conoce, de manera analítica, todos los predicados de cada sustancia individual, los conoce a priori puesto que están en la naturaleza de cada una implicados, implícitos. Los hombres sólo tienen un conocimiento histórico de cada sustancia, llegan a conocer los atributos de cada mónada a través de la experiencia1, es decir: cuando ya están explicados, se han hecho explícitos.

Un ejemplo sencillo: si pienso algo acerca de alguien, ese pensamiento es un predicado atribuible a mi sujeto, es decir, estaba en mi naturaleza que lo pensara desde el momento en que Dios creó mi sustancia tal y como es y no de otro modo. Dios, que tiene un conocimiento completo de mi sustancia, sabe que tendré ese pensamiento desde que me creó, forma parte de mi esencia que lo tenga. Por lo tanto, no es necesario que ese alguien exista o que sea como es para que yo piense aquello, estaba ya en mí el que lo pensara antes de conocerle, él no ha provocado que yo piense eso acerca de él, sólo lo ha hecho mi naturaleza y de ésta sólo Dios es causa2.

Otras personas piensan cosas parecidas o al menos piensan cosas sobre ese mismo invididuo: hay una cierta correspondencia pero sin interacción, la causa de esa correspondencia es también Dios. Dios crea distintas sustancias y reparte su visión ilimitada entre ellas. Cada sustancia actúa como un espejo que refleja de un modo limitado la omnipotencia de Dios, por lo que, de ese modo, se puede decir que el universo está multiplicado tantas veces como sustancias individuales hay3. Cada una tiene una perspectiva limitada de la omnisciencia divina, pero la tiene porque Dios la ha puesto en ella. No hay comunicación con el resto de las sustancias, sólo Dios puede comunicarse con ellas. Sólo Dios está en relación inmediata con cada una de las mónadas, si existe de algún modo relación entre las mónadas, esa cierta correspondencia de los fenómenos, es a través de Dios, quien media entre ellas. Es decir, cada sustancia individual incluye en sí misma el mundo entero porque no puede haber una comunicación con nada externo que no sea Dios4.

Nada existe, pues, excepto las mónadas; la materia es un efecto ilusorio. La única existencia de la materia es la de ser conocida. El mundo no está fuera, está formado por las mónadas que son los átomos de la naturaleza5. Podemos decir que el mundo exterior está formado por la suma de las percepciones de las mónadas porque la suma de los distintos puntos de vista que son las mónadas se acercaría al conocimiento perfecto divino. La mónada es percepción. En cada mónada están incluidas, representadas, todas las demás mónadas pero en distintos grados6, en ninguna puede entrar de fuera ninguna sustancia ni ningún accidente7.

Leibniz distingue entre verdades contingentes o de hecho y verdades necesarias o de razonamiento. Dios conoce todas las verdades contingentes que se darán, pero nosotros no8. El opuesto de las razones necesarias es imposible9, el de las contigentes no, aunque están aseguradas por Dios.

La sustancia individual debe incluir en sí misma el mundo entero porque el sujeto tiene que tener la razón suficiente de todo lo que le ocurra10. Todo cambio interno en una sustancia individual viene de un principio interno, de su naturaleza, puesto que ninguna causa externa puede influir en su interior11. Nuestros fenómenos, las cosas que nos ocurren, nuestros atributos, no son más que consecuencias de nuestro ser, de nuestra naturaleza y ésta está causada por Dios12. La razón suficiente ulterior es Dios.

De Dios depende la esencia y la existencia de cada sustancia individual. Su esencia, lo que hay de real en la posibilidad, depende del entendimiento de Dios y su existencia en su creación13.

Las sustancias individuales son emanadas y conservadas por Dios. Él acomoda las distintas mónadas de la mejor manera posible. Al crear a cada una de ellas, ha tenido en cuenta a todas las demás y, en ese sentido, todas las mónadas incluyen al resto de las mónadas, constituyendo de este modo una representación del universo entero14. La esencia de cada mónada es una cierta expresión (finita) o imitación (con su limitada capacidad) o imagen (parcial) de la esencia, pensamiento y voluntad divinos (perfectos, infinitos y completos) y de todas las ideas que están comprendidas en ellos15. Cada mónada es un pequeño mundo que expresa al grande16, una representación limitada de la gloria de Dios17.

1Discurso de metafísica: 8.

2Discurso de metafísica: 14.

3Discurso de metafísica: 9.

4Discurso de metafísica: 28.

5Monadología, 3.

6Monadología: 60.

7Monadología: 7.

8Discurso de metafísica: 13.

9Monadología: 33.

10Monadología: 39.

11Monadología: 11.

12Discurso de metafísica: 14.

13Monadología: 43.

14Monadología: 60.

15Discurso de metafísica: 28.

16Discurso de metafísica: 16.

17Discurso de metafísica: 15.

Written by umanoidemanme

12 julio, 2010 a 14:16

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