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¡Hagamos teoría!

El libro de mi madre

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Mi abuela en la ventana

“Durante sus estancias en Ginebra, me esperaba siempre en la ventana. Nadie me esperará como ella en la ventana, durante horas. Veo su rostro en la ventana inclinado, demasiado grueso y todo él de mí repleto, tan afanoso y atento, un poco vulgar por la excesiva atención, con los ojos fijos en la esquina de la acera. Se me aparece siempre como la que estaba en la ventana. En la ventana y avizorándome cuando yo volvía del trabajo. Alzaba la cabeza y era grato ver desde abajo aquel rostro concentrado en la espera, aquel pensamiento que me aguardaba, y me sentía filialmente reconfortado. Ahora, cada vez que vuelvo a casa, esa vieja costumbre de alzar los ojos hacia la ventana. Pero nunca hay nadie. ¿Quién necesita asomarse a la ventana para esperarme?

También cuando me marchaba estaba en la ventana, para quedarse un minuto más conmigo y contemplar esa forma que desaparecía y era su hijo, su bien en este mundo, su querido hijo a quien miraba alejarse, a quien miraba quizá con esa extraña y penetrante piedad que profesamos a los seres queridos cuya secreta indigencia conocemos, la misma aguada piedad que me inspiran mis amados, cuando, desde mi ventana, los veo en la calle, solos y tan perdidos e indefensos, catástrofes andantes, y no reparan en que los miro. Y mis amados no son sólo mi hija y Marianne y algunos más, sino todos los hombres que van por la calle, tan fracasados y queridos todos ellos, y a quienes sólo amo de lejos, que de cerca no siempre huelen a rosas. Sí, alzaba la cabeza hacia mi madre, una o dos veces, reconfortado, protegido, pero sin comprender mi felicidad. Ahora, cuando salgo de casa, sigo alzando la cabeza, un tanto perdido y espantado. Pero nunca hay nadie en la ventana”.

Albert Cohen, El libro de mi madre. Barcelona: Anagrama, 2007, pp. 81-82.

Hace unos años un profesor nos recomendó este libro en clase. Es un libro muy cortito y lo leí en un viaje en tren, del tirón. Albert Cohen escribió este libro tras la muerte de su madre. Son los recuerdos de su infancia, un retrato de su madre y de la relación que mantenían. Me gustó mucho aunque me harté de llorar, no pensando en mi madre sino en una de mis abuelas, a la que no veo mucho (bueno, tampoco es que a la otra la vea más) y que tiene muchas cosas en común con la madre de Cohen. Una de ellas es esta costumbre de mirar por la ventana, cuando sabe que vamos a ir a visitarla, o asomarse a despedirnos y ver cómo nos alejamos cuando nos vamos de su casa. Hace unos días estuve en Almería y le tomé esta foto, pensando en este fragmento del libro.

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