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¿Por qué no hay, para Hume, ningún razonamiento que pueda fundar las cuestiones de hecho?

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Amanecer

Hume distingue entre dos tipos de proposiciones: relaciones de ideas y cuestiones de hecho1. A las primeras se llega mediante la mera operación del pensamiento, es decir: son verdades analíticas. Son independientes del universo extramental2, son siempre ciertas y evidentes3, claras y distintas. Las verdades matemáticas son proposiciones de este tipo: la suma de dos más dos no puede ser otra que cuatro y afirmar que el resultado de esa suma es otro, por ejemplo cinco, implicaría una contradicción4. Las cuestiones de hecho son enunciados acerca del mundo y en ellos la falsedad no implica contradicción, nuestra mente puede concebir igual la proposición mañana saldrá el sol y la proposición mañana no saldrá el sol5. Su verdad sólo puede comprobarse recurriendo a la experiencia.

Tras esta distinción, Hume se pregunta por qué estamos seguros de la evidencia de ciertas razones de hecho, qué nos lleva a afirmar que mañana saldrá el sol si de lo único que disponemos para hacerlo es el registro de nuestra memoria de que, a través de los sentidos, hemos experimentado que el sol ha salido todos los días hasta ahora6. Y propone como respuesta, que estos razonamientos se fundan en una relación causal mediante la cual podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y del testimonio de nuestros sentidos7. A partir de la experiencia que tenemos de los “hábitos” del sol, inferimos que mañana saldrá, y confiamos en nuestra predicción porque suponemos una relación causal en aquellos hechos, es decir, que la salida del sol es una causa del nuevo día o viceversa, y esta relación sustenta nuestra afirmación. Con otro ejemplo: si vemos humo diremos que allí hay un fuego. La razón por la que hacemos esta predicción es nuestro registro de experiencias anteriores: siempre vimos al humo suceder al fuego. Suponemos una unión fuerte entre el humo y el fuego y por eso confiamos en nuestra predicción. Esa conexión es una relación causal: el fuego es la causa del humo, el humo es el efecto del fuego8.

Es necesario conocer cómo llegamos a esa relación causal para entender qué fundamento tienen nuestras cuestiones de hecho9. Hume rechaza que este conocimiento pueda alcanzarse por razonamientos a priori sino que surge de la experiencia de encontrar objetos particulares siempre unidos entre sí10. No podemos descubrir mediante la razón la causa y el efecto de un objeto nuevo, sólo podremos llegar a ese conocimiento mediante la experiencia11. No podríamos decir qué efecto tendrá un hecho nuevo porque el conocimiento de ese hecho no nos dice nada de esa otra cosa que es el efecto. Causa y efecto son objetos completamente distintos y no podemos encontrar el efecto en el simple estudio de la causa12, si pudiéramos hacerlo estaríamos ante una relación de ideas y no una cuestión de hecho y, entonces, no podríamos hablar de causa y efecto. El fundamento de la relación causa-efecto no está en la razón sino en la experiencia13.

Pero surge un nuevo problema: la experiencia pasada sólo da información directa y cierta de los objetos de aquel momento y, sin embargo, extendemos ese conocimiento a otros objetos aparentemente semejantes14. No parece necesario que se cumpla la sucesión del humo al fuego y, sin embargo, confiamos en que así será. Nuestra mente infiere, del conocimiento pasado, una conclusión, una ley para predecir sucesos futuros15. Pero la conexión entre ambos no es intuitiva, no es inmediata, se requiere un término medio que Hume no es capaz de alcanzar con el razonamiento16, así que propone que debe alcanzarse por medio de la experiencia.

Esperamos de causas semejantes efectos semejantes, pero no porque la razón nos lo dicte sino porque la experiencia nos lo ha enseñado17. Si estamos seguros de la conexión entre el fuego y el humo es por el largo historial de experiencias que hemos recogido en la memoria. No estábamos seguros en las primeras experiencias pero, después de muchos casos, sí lo estamos18. De la proposición “en los cien casos en que he visto humo había un fuego” inferimos la proposición “hay un fuego porque he visto humo”, pero esta inferencia no es intuitiva ni demostrativa19 sino experimental, y supone que la naturaleza se mantiene estable, es regular y el pasado sirve de pauta al futuro20. Y la única seguridad que tenemos de esta regularidad natural es, del mismo modo, nuestro historial de experiencias. Es decir, nuestras predicciones dependen de la uniformidad que encontramos en la naturaleza21 y no podemos estar segura de ésta porque el único argumento que podemos ofrecer para afirmar que es así es la experiencia, y esto nos lleva a un círculo del que no podemos salir.

Con toda nuestra experiencia no adquirimos ningún conocimiento de la relación causal, del secreto poder por el que un objeto produce el otro22. No podemos afirmar que haya una relación necesaria, una conexión fuerte. En el ejemplo del fuego y el humo decimos que el fuego causa el humo pero no tenemos ninguna impresión causal. Tenemos impresión del fuego, impresión del humo, pero no tenemos impresión de la relación misma, de la conexión causal. Por tanto, no tenemos impresión del fuego como causa del humo ni del humo como efecto del fuego, sólo de que ocurre primero el fuego y luego el humo. La relación causal es puesta por la imaginación, no tiene referencia extramental. La imaginación construye una idea compleja a partir de las ideas de fuego y humo, sentimos una impresión nueva: una conexión habitual entre dos objetos23. Construye la idea de que el fuego causa el humo sobre la base de la contigüidad temporal y espacial del fuego y el humo y sobre la base de la costumbre: siempre que hemos visto humo, había un fuego.

No hay una contradicción en pensar que mañana no saldrá el sol puesto que no es una verdad analítica sino una cuestión de hecho. Hasta ahora ha salido todos los días y, por efecto de la costumbre, tendemos a pensar que saldrá mañana también y lo afirmamos con seguridad por el alto número de experiencias que hemos acumulado al respecto24. Hume es incapaz de encontrar la causa de este principio de la costumbre25 pero le parece que es la única hipótesis que explica por qué mil casos semejantes nos permiten hacer una inferencia que no somos capaces de hacer en un caso concreto26. Nuestras inferencias son efecto de la costumbre y no del razonamiento27.

La razón por la que afirmamos cierta proposición, cierta cuestión de hecho, es siempre otro hecho relacionado con el actual. Para no hacer una regresión al infinito, habrá que concluir en algún hecho presente a los sentidos o a la memoria que dé fundamento a nuestra creencia28. Es decir, toda creencia en una cuestión de hecho deriva de la experiencia29. Ante la observación repetida de dos objetos conjuntamente, nuestra imaginación lanza la hipótesis de una relación causal pero esta hipótesis no tiene fundamento real, sólo sentimos que es cierta por un instinto natural30. Tendemos naturalmente a confiar en lo que aprendemos de la experiencia pero nunca conoceremos la relación causal que podría fundar las cuestiones de hecho. Estas creencias tienen la fuerza de convencimiento de una pasión pero en realidad son siempre hipotéticas. Sentimos que son ciertas, sentimos una conexión causal necesaria, pero esta conexión no tiene un fundamento real, no conocemos la conexión causal real sino la conexión que crea nuestra imaginación31.

1Sección 4: pág. 25. “Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden, naturalmente, dividirse en dos grupos, a saber: relaciones de ideas y cuestiones de hecho”. (Para las citas he usado la paginación de la edición de Selby-Bigge de la Enquiry concerning the Human Understanding de Hume).

2Sección 4: pág. 25. “Las proposiciones de esta clase pueden descubrise por la mera operación del pensamiento, independientemente de lo que pueda existir en cualquier parte del universo”.

3Sección 4: pág. 25. “Las verdades demostradas por Euclídes conservarían siempre su certeza y evidencia”.

4Sección 4: pág. 26. “Si fuera demostrativamente falsa, implicaría una contradicción y jamás podría ser concebida distintamente por la mente”.

5Sección 4: págs. 25-26. “Lo contrario de cualquier cuestión de hecho es, en cualquier caso, posible, porque jamás puede implicar una contradicción, y es concebido por la mente con la misma facilidad y distinción que si fuera totalmente ajustado a la realidad. Que el sol no saldrá mañana no es una proposición menos inteligible ni implica mayor contradicción que la afirmación saldrá mañana”.

6Sección 4: pág. 26. “Puede ser, por tanto, un tema digno de curiosidad investigar de qué naturaleza es la evidencia que nos asegura cualquier existencia real y cuestión de hecho, más allá del testimonio actual de los sentidos, o de los registros de nuestra memoria”.

7Sección 4: pág. 26. “Todos nuestros razonamientos acerca de cuestiones de hecho parecen fundarse en la relación de causa y efecto. Tan sólo por medio de esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y sentidos”.

8Sección 4: págs. 26 y 27. “Todos nuestros razonamientos acerca de los hechos son de la misma naturaleza. Y en ellos se supone constantemente que hay una conexión entre el hecho presente y el que se infiere de él. Si no hubiera nada que los uniera, la inferencia sería totalmente precaria”.

9Sección 4: pág. 27. “Así pues, si quisiéramos llegar a una conclusión satisfactoria en cuanto a la naturaleza de aquella evidencia que nos asegura de las cuestiones de hecho, nos hemos de preguntar cómo llegamos al conocimiento de la causa y del efecto”.

10Sección 4: pág. 27. “El conocimiento de esta relación en ningún caso se alcanza por razonamientos a priori, sino que surge enteramente de la experiencia, cuando encontramos que objetos particulares cualesquiera están constantemente unidos entre sí”.

11 Sección 4: pág. 28. “Las causas y efectos no pueden descubrirse por la razón, sino por la experiencia”.

12 Sección 4: pág. 29. “La mente nunca puede encontrar el efecto en la supuesta causa por el escrutinio o examen más riguroso, pues el efecto es totalmente distinto a la causa y, en consecuencia, no puede ser descubierto en él”.

13Sección 4: pág. 32. “¿Cuál es el fundamento de todos nuestros razonamientos y conclusiones acerca de esta relación?, se puede contestar con una palabra: la experiencia”.

14Sección 4: págs. 33-34. “Con respecto a la experiencia pasada, sólo puede aceptarse que da información directa y cierta de los objetos de conocimiento y exactamente de aquel período de tiempo abarcado por su acto de conocimiento. Pero por qué esta experiencia debe extenderse a momentos futuros y a otros objetos, que, por lo que sabemos, puede ser que sólo en apariencia sean semejantes”.

15Sección 4: pág. 34. “Ha de reconocerse que aquí hay una conclusión alcanzada por la mente, que se ha dado un paso, un proceso de pensamiento y una inferencia que requiere explicación”.

16Sección 4: pág. 34. “La conexión entre estas dos proposiciones no es intuitiva. Se requiere un término medio que permita a la mente llegar a tal inferencia, si efectivamente se alcanza por medio de razonamiento y argumentación. Lo que este término medio sea, debo confesarlo, sobrepasa mi comprensión”.

17Sección 4: pág. 36. “De causas que parecen semejantes esperamos efectos semjantes. Esto parece compendiar nuestras conclusiones experimentales. Ahora bien, parece evidente que si esta conclusión fuera formada por la razón, sería tan perfecta al principio y en un solo caso, como después de una larga sucesión de experiencias. Pero la realidad es muy distinta”.

18Sección 4: pág. 36. “Sólo después de una larga cadena de experiencias uniformes de un tipo, alcanzamos seguridad y confianza firme con respecto a un acontecimiento particular”.

19Sección 4: pág. 37. “Se dice que una proposición es una inferencia de la otra, pero se ha de reconocer que la inferencia ni es intuitiva ni tampoco demostrativa”.

20Sección 4: págs. 37 y 38. “Si hubiera sospecha alguna de que el curso de la naturaleza pudiera cambiar y que el pasado pudiera no ser pauta del futuro, toda experiencia se haría inútil y no podría dar lugar a inferencia o conclusión alguna”.

21Sección 8: pág. 82. “Si todas las escenas de la naturaleza fueran continuamente cambiadas, de forma que ninguna pareja de acontecimientos se pareciera, sino que todo objeto fuera totalmente nuevo, sin semejanza alguna con lo previamente visto, nunca en este caso habríamos alcanzado ni la más mínima idea de la necesidad o conexión entre estos objetos”.

22Sección 5: pág.42. “Con toda su experiencia, no ha adquirido idea o conocimiento alguno del secreto poder por el que un objeto produce el otro, ni está forzado a alcanzar esta inferencia por cualquier proceso de razonamiento”.

23Sección 7: pág. 78. “Cuando aparecen muchos casos uniformes y el mismo objeto es siempre seguido por el mismo suceso, entonces empezamos a albergar la noción de causa y conexión. Entonces sentimos un nuevo sentimiento o impresión, a saber, una conexión habitual en el pensamiento o en la imaginación entre un objeto y su acompañante usual”.

24Sección 5: pág. 43. “Este principio es la costumbre o el hábito. Pues siempre que la repetición de un acto u operación particular produce una propensión a renovar el mismo acto u operación, sin estar impelido por ningún razonamiento o proceso del entendimiento, decimos que esta propensión es el efecto de la costumbre”.

25Sección 5: pág. 43. “Quizá no podamos empujar nuestras investigaciones más allá, ni pretender dar la causa de esta causa, sino que tendremos que contentarnos con él como principio último que podemos asignar a todas nuestras conclusiones que parten de la experiencia”.

26Sección 5: pág. 43. “Esta hipótesis parece incluso la única que explica la dificultad de por qué en mil casos realizamos una inferencia que no somos capaces de realizar en un caso concreto”.

27Sección 5: pág. 43. “Todas las inferencias realizadas a partir de la experiencia, por tanto, son efectos de la costumbre y no del razonamiento”.

28Sección 5: pág. 46. “Si pregunto por qué se cree en cualquier cuestión de hecho que se me relata, ha de dárseme una razón, y esta razón será algún otro hecho conexo. Pero, como no se puede proceder de esta manera in infinitum, se ha de terminar en algún hecho presente a la memoria o a los sentidos, o ha de aceptarse que la creencia es totalmente infundada”.

29Sección 5: pág. 46. “Toda creencia en una cuestión de hecho o existencia reales deriva meramente de un objeto presente a la memoria o a los sentidos y de una conjunción habitual entre éste y algún objeto”.

30Sección 5: págs. 46 y 47. “Todas estas operaciones son una clase de instinto natural que ningún razonamiento o proceso de pensamiento y comprensión puede producir o evitar”.

31Sección 7: pág 76. “Cuando decimos que un objeto está conectado con otro, sólo queremos decir que han adquirido una conexión en nuestro pensamiento y originanesta inferencia”.

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