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¿Qué es, según Kant, la metafísica?

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Sobre el muro

La metafísica es la disciplina que estudia el ser, lo que hay más allá de lo que podemos conocer con los sentidos, es decir: lo que hay más allá de la experiencia. Hume, el filósofo empirista, criticó este tipo de saber especulativo, por considerar que se pierde en los enredos del razonamiento, involuntariamente, cuando entra en terrenos que escapan al entendimiento humano, o voluntariamente, para ocultar que está fundamentado en simples supersticiones. Esta crítica influyó en el racionalismo de Kant1, quien pretendió superar estas limitaciones elaborando una metafísica nueva, suficientemente legitimada y más efectiva2.

No se puede decir, según Kant, que lo conocido como metafísica hasta ese momento sea una ciencia; es más bien un mero arte dialéctico3. Es evidente que el pensamiento humano no ha tenido muy buen resultado en esta empresa4, pues se puede observar un claro estancamiento en el desarrollo de la metafísica, que podría resolverse usando el modelo científico, con el que se ha hecho un progreso rápido en otros campos del saber5.

Para establecer como ciencia un conocimiento es necesario distinguirlo de los demás, señalando qué sea lo propio de él, qué lo diferencia; de este modo se impide que se confundan los límites entre ciencias6.

Lo característico de cada ciencia puede hacer referencia tanto al objeto, como a las fuentes de conocimiento, como al modo de conocer o la mezcla de éstas partes7. Sobre las fuentes del conocimiento metafísico, éste nunca podrá ser empírico8 y sus principios nunca estarán basados en la experiencia directa9. Es un conocimiento a priori, basado en la razón pura10. La matemática también entra en el ámbito de la razón pura y, por ello, para diferenciar ambos saberes, a la metafísica se deberá llamar conocimiento puro filosófico11.

 En metafísica, hay que distinguir, para tener una idea clara de qué importa realmente en ella, entre los juicios que pertenecen a la metafísica y los juicios propiamente metafísicos. La mayoría de los primeros son analíticos y sólo son un medio para llegar a los juicios metafísicos propiamente dichos12. Los segundos son los que están dirigidos ciertamente al propósito de la investigación metafísica, sobre todo si se quiere presentar como ciencia. Éstos son siempre sintéticos.

Los juicios sintéticos y los analíticos se distinguen porque los primeros aumentan el conocimiento, añaden algo al contenido, y los segundos son meramente explicativos13. Los juicios analíticos se basan en el principio de contradicción y son, por naturaleza, conocimientos a priori, están ya en el concepto antes de explicitarlos en la formulación del predicado del juicio. De este modo, estando ya implícito el predicado del juicio en el concepto, es imposible negarlo sin caer en una contradicción14. Para llegar a este tipo de juicios, sólo se necesita descomponer el concepto, no hay que buscar nada fuera de él. Sin embargo, juicios sintéticos hay de dos tipos: a priori y a posteriori, los primeros brotan del puro entendimiento y los segundos tienen un origen empírico15. Lo que tienen en común todos los juicios sintéticos es que no pueden surgir del mero uso del principio del análisis, es decir: del principio de no contradicción16.

 Se han dado ya proposiciones nunca contradichas o puestas en evidencia en la metafísica, pero son todas de índole analítica. Éstas se refieren a los materiales, a los instrumentos que usa la metafísica para su emancipación como saber, es decir: son los prolegómenos. Lo realmente importante es, en cambio, la propagación de su saber17. El verdadero objetivo de cada campo de saber es la expansión de su conocimiento, el avance de su investigación. Es en este sentido en lo que ha fallado la metafísica o, mejor dicho, las metafísicas. Las distintas metafísicas se han contradicho entre ellas, ya sea en sus demostraciones, ya sea en sus afirmaciones. Esto ha anulado su pretensión de presentarse como un saber duradero y científico18.

Esta autodestrucción está causada por una falta de crítica de la razón pura. Es necesario que, para que la metafísica pueda ser una ciencia y no se convierta en palabrería y falacias, un análisis de los conceptos a priori y de la posibilidad de los conocimientos sintéticos a priori, sus usos y sus límites19. Es necesario un estudio de la razón con la razón misma20.

Los juicios analíticos en metafísica son normalmente de mayor importancia que en las ciencias naturales. En metafísica los juicios sintéticos se derivan de los analíticos como la única fuente de investigación, sin apoyarse en ningún experiencia, en nada exterior a la razón21.

La metafísica como ciencia será posible cuando no sea ni dogmática ni escéptica, pues el dogmatismo no enseña nada y el escepticismo ni siquiera nos permite el descanso en nuestra ignorancia22. La nueva metafísica, libre de estas indeseadas características, podrá ponerse al nivel de otros conocimientos de la razón pura, como la matemática y la ciencia pura de la naturaleza, que tienen proposiciones que no están basadas en el estudio empírico y logran un consenso generalizado y universal sobre sus conclusiones y métodos: conocimientos sintéticos a priori23, el tipo de juicios que debería contener solamente el conocimiento metafísico24.

 

1“Yo inquirí, pues, primeramente, si la objeción de Hume no puede presentarse en general, y pronto encontré: que la noción del enlace de causa y efecto, no es, ni con mucho, la única por medio de la cual el entendimiento concibe a priori los enlaces de las cosas, sino que la metafísica toda consiste en eso”. (Prolegómenos, Prefacio).

2“Se trata de una nueva ciencia, en la cual a nadie se le había ocurrido pensar antes, cuya misma mera idea era desconocida, y para la cual nada podía ser útil sino la simple indicación que podía ofrecer la duda de Hume, el cual, igualmente, no adivinó la ciencia formal, también posible”. (Prolegómenos, Prefacio).

3“La metafísica, como disposición natural de la razón, es real, pero también, es por sí sola (…), dialéctica y falaz. Así pues, querer sacar de ésta los principios y seguir, en el uso de la misma, las apariencias (…), no puede nunca traer consigo la ciencia, sino, solamente, vano arte dialéctico”. (Prolegómenos, Solución).

4“Si fuese real la metafísica, que pretende ser ciencia, si se pudiera decir: aquí está la metafísica, no necistáis más que estudiarla, y os convenceréis irresistible e invariablemente de su verdad, sería, pues, la pregunta innecesaria, y quedaría otra, que correspondería más bien al examen de nuestra sagacidad que a la prueba de la existencia de la cosa misma, a saber: cómo es posible la metafísica, y cómo deberá proceder a la razón para llegar a ella. Ahora bien, en este caso, la razón humana no ha sido tan feliz”. (Prolegómenos, 4).

5“Parece casi digno de risa que, mientras todas las ciencias progresan incesantemente, la que se tiene por la sabiduría misma, cuyo oráculo todos los hombres consultan, dé vueltas siempre en la misma dirección, sin poder avanzar un paso”. (Prolegómenos, Prefacio).

6“Si se quiere uno representar un conocimiento como ciencia, debe, ante todo, poder determinar exactamente lo diferenciado, lo que en ella no es común a alguna otra y constituye su peculiaridad; de lo contrario, los límtes de todas las ciencias se entremezclan, y ninguna puede ser tratada fundamentalmente según su naturaleza”. (Prolegómenos, 1).

7“Esta particularidad puede, pues, depender de la diferencia de los objetos, o de las fuentes del conocimiento, o del modo de conocer, o de algo, o del todo de estas partes juntamente”. (Prolegómenos, 1).

8“Principalmente, por lo que a las fuentes de un conocimiento metafísico se refiere, está ya implícito en su concepto que no pueden ser empíricas”. (Prolegómenos, 1).

9“Los principios de éstas (a los cuales corresponden, no solamente sus axiomas, sino también sus conceptos fundamentales) jamás deben ser tomados de la experiencia, pues deben ser conocimientos, no físicos, sino metafísicos; esto es, de más allá de la experiencia”. (Prolegómenos, 1).

10“Es pues, un conocimiento a priori, o del entendimiento puro, o de la razón pura”. (Prolegómenos, 1).

11“En esto no se diferenciará, pues, de la pura matemática; se deberá, pues, llamar conocimiento filosófico puro”. (Prolegómenos, 1).

12“Los procedimientos metódicos de los prolegómenos, particularmente aquellos que deben preparar para una metafísica del porvenir, serán, pues, analíticos”. (Prolegómenos, 4).

13“Entre los juicios (…) hay (…) una diferencia según su contenido, gracias al cual, o son simplemente explicativos y con respecto al contenido nada añaden, o son amplificativos y aumentan el conocimiento dado; los primeros podrán llamarse juicios analíticos; los segundos, juicios sintéticos”. (Prolegómenos, 2).

14“Todos los juicios analíticos se basan completamente en el principio de contradicción, y son, por naturaleza, conocimientos a priori, sean o no sean empíricos los conceptos que le sirvan de materia. Pues, porque el predicado de un juicio analítico afirmativo ya estaba pensado previamente en el concepto del sujeto, es por lo que no puede ser negado de él sin contradicción”. (Prolegómenos, 2).

15“Hay juicios sintéticos a posteriori, cuyo origen es empírico; pero los hay también que son ciertamente a priori y que brotan del puro entendimiento y de la razón”. (Prolegómenos, 2).

16“Ambos coinciden en esto: que de ninguna manera pueden brotar del principiol análisis, a saber, del principio de contradicción”. (Prolegómenos, 2).

17“Pues se nos puede, en efecto, mostrar muchas proposiciones, las cuales son ciertas apodícticamente y nunca serán contradichas; pero éstas son todas analíticas y conciernen más a los materiales y a los medios de construcción de la metafísica que a la ampliación del conocimiento, la cual, pues, debe ser, en ella nuestro propio designio”. (Prolegómenos, 4).

18“Pero si mostráis también proposiciones sintéticas (por ejemplo, el principio de razón suficiente), las cuales jamás habéis probado por la mera razón, (…) incurrís en tan impropias e inseguras afirmaciones que, con ellas, ha contradicho para siempre una metafísica a la otra, ya sea con relación a las afirmaciones mismas o a sus pruebas, y por esto, ha destruido ella misma su aspiración a la aprobación duradera”. (Prolegómenos, 4).

19“A fin de que, como ciencia, no solamente pueda aspirar a engañosas persuasiones, sino a conocimientos y convicciones, debe una crítica de la razón misma exponer toda la provisión de los conceptos a priori, la división de los mismos según las diversas fuentes -sensibilidad, entendimiento y razón-, además un cuaro completo de los mismos y el análisis de todos estos conceptos con todo lo que de él pueda seguirse, pero, sobre todo, la posibilidad de los conocimientos sintéticos a priori por medio de la deducción de estos conceptos, los principios de su uso, y, finalmente, también los límites de los mismos”. (Prolegómenos, Solución).

20“La tercera cuestión que ahora nos es propuesta, corresponde, pues, igualmente a la médula y a lo más propio de la metafísica, a saber, al estudio de la razón con la razón misma”. (Prolegómenos, 40).

21“Este trabajo es difícil y exige un lector decidido, para pensar constantemente en un sistema que no pone como base nada dado fuera de la razón misma, y, por tanto, que trata de desarrollar el conocimiento desde sus gérmenes originarios sin apoyarse en factum alguno”. (Prolegómenos, 4).

22“Disgustados del dogmatismo, que no nos enseña nada, e igualmente del escepticismo que, en todas partes, nada nos promete, ni aun el descanso en una ignorancia lícita”. (Prolegómenos, 4).

23“Aunque por el momento no podemos aceptar que la metafísica sea verdadera como ciencia, podemos, sin embargo, decir con seguridad que existen, verdaderamente, ciertos puros conocimientos sintéticos a priori, a saber: la pura matemática y la pura ciencia natural; pues ambas contienen proposiciones las cuales, en parte, son de certeza apodíctica por la mera razón; en parte, por la unanimidad general de la experiencia y, no obstante, son generalmente reconocidas como independientes de la experiencia”. (Prolegómenos, 4).

24“El conocimiento metafísico debe solamente contener juicios a priori, como exige la naturaleza de sus fuentes”. (Prolegómenos, 2).

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