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Sobre la Ilustración – Michel Foucault

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Reflejos

El francés Michel Foucault (1926-1984) es reconocido internacionalmente como uno de los más influyentes pensadores de la segunda mitad del siglo XX. Su pensamiento es una reflexión crítica sobre la eventualidad de la actualidad, reflexión enraizada en la tradición de pensamiento inaugurada por Kant mediante su texto ¿Qué es la Ilustración?.

El libro Sobre la Ilustración es la reunión de los tres textos fundamentales que Foucault dedicó entre 1978 y 1983 a la cuestión de la Ilustración. Los textos son: “¿Qué es la crítica?”, “Seminario sobre el texto de Kant Was ist Aufklärung” y “¿Qué es la Ilustración?”.

Se conoce como Ilustración al movimiento filosófico que se originó y desarrolló en Europa (particularmente en Francia) durante el siglo XVIII. Se consideraba que todo lo antiguo se enmarcaba en un ambiente de oscuridad y decrepitud, y que la nueva ideología que llegaba eran las “luces” que iluminarían al mundo. Pero Foucault entiende que la racionalidad es plural, hay muchas formas de racionalidad y no una racionalidad instaurada o descubierta en una especie de acto fundador que la dotara de la fuerza de un proyecto o una racionalidad que sea la forma por excelencia de la razón misma.

La postmodernidad pone en cuestión la razón de la Ilustración que se legitima, se justifica, a sí misma, llevando a cabo una actividad deconstructiva que deja al descubierto lo que hay de irracional tras las viejas nociones modernas y transfrormando, en el mejor de los casos, aquella razón por una “situada”. De este modo, relativiza los pilares de la cultura de la modernidad y debilita los referentes modernos de lo real: historia, sujeto y razón. Si das un inicio histórico al discurso de la razón, estás cuestionando la razón misma. Así el valor político de la razón ha sido degradado.

Era costumbre de los diarios del siglo XVIII lanzar preguntas al público y, en 1784, el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó una respuesta a la pregunta Was ist Aufklärung? (¿Qué es la Ilustración?) escrita por Kant.

En el primer texto, Foucault comienza anunciando lo extraño que nos suena ya que hay algo como una actitud crítica y que es específica de la civilización moderna, cuando ha habido tantas críticas. Nos parece extraño el intento de dar unidad a la crítica, cuando parece conducida por naturaleza, por función, a la pura heteronomía.

Traza, Foucault, una historia de la actitud crítica. Hubo un primer momento en que la crítica era bíblica, las cuestiones eran: “¿cuál es el tipo de verdad que dice la Escritura?”, “¿es verdad la Escritura?”. Un segundo momento en el que la cuestión era “¿cómo no ser gobernado?” y la respuesta: “¿cuáles son los límites del arte de gobernar?”, aquí la crítica era jurídica. Y un tercer momento en el que se critica la certeza frente a la autoridad, porque no querer ser gobernado es no aceptar como verdadero lo que una autoridad dice que es verdad.

Para Foucault, el dato del que parte la crítica hoy día no es, como en Kant, la existencia del conocimiento, sino el hecho de que hay un lenguaje. Éste aparece como una nueva empiricidad en la época moderna, dejando de ser un simple medio transparente de conocimiento y convirtiéndose él mismo en un objeto con espesor propio. Así lo puso de manifiesto en su Las palabras y las cosas. Las condiciones de posibilidad que la crítica trata de establecer son históricas. Según Foucault, la crítica se ve conducida, transformada por la radicalización nietzscheana, desde el ámbito de las condiciones trascendentales de los conocimientos al de las condiciones histórico-eventuales de los discursos; desde la pretensión legitimadora de la verdad de nuestros conocimientos a la intención desfundamentadora de nuestras verdades.

En el segundo texto, Foucault sitúa en Kant el comienzo de las dos tradiciones críticas que recorren toda la filosofía moderna y que se presentan en cierto modo como alternativas o polos opuestos: una que estudia las condiciones que hacen posible un conocimiento verdadero, la analítica de la verdad u ontología formal de la verdad; otra que se pregunta por la actualidad, por lo que somos nosotros mismo en el tiempo presente, y que adopta la forma de una reflexión histórica sobre nosotros mismos o una ontología del presente.

Pero, en la actualidad, ¿qué experiencia del presente nos es posible? Si la experiencia es duración, ¿cómo es posible sin tiempo? Hay una decadencia de la experiencia en términos de asimilación, tenemos vivencias trepidantes, ansiosas, histéricas. Ésta es la alienación de la que hablaba la Escuela de Francfort.

La cuestión del presente se formula en su forma moderna por primera vez en el texto kantiano del que habla Foucault. Es una cuestión que está entre la reflexión crítica y la reflexión sobre la historia. La cuestión del presente (“¿qué es este ahora?”) es también la cuestión “¿quiénes somos nosotros?”.

En 1789, Kant da de alguna manera una continuación al texto de 1784 respondiendo a otra pregunta: “¿Qué es la Revolución?”. Kant se pregunta en ese texto si hay un progreso constante para el género humano y le parece necesario determinar primero si existe una causa posible de ese progreso. Pero una vez que se ha establecido esta posibilidad, es necesario mostrar que esta causa actúa efectivamente. No es suficiente con seguir la trama teleológica que hace posible un progreso, es necesario aislar un acontecimiento que tenga el valor de signo. Un signo de la existencia de una causa permanente que a todo lo largo de la historia haya guiado a los hombres por la vida del progreso, un signo rememorativo, demostrativo y que sirva para pronosticar el futuro. Kant se pregunta si hay en torno a los hombres de su tiempo un acontecimiento así.

No le parece a Kant que la Revolución en sí misma pueda ser considerada como el signo de que exista una causa capaz de mantener a través de la historia el progreso constante de la humanidad. Le parece más importante lo que ocurre alrededor de la Revolución que la Revolución misma, que es casi un mero espectáculo. Lo importante es el entusiasmo que provoca ese espectáculo, signo de una disposición moral de la humanidad. Y aparece una nueva pregunta: “¿qué hacer con la voluntad de revolución?”.

En el tercer texto, Foucault trata varias cuestiones. La primera que nos interesa es: “¿cómo analizamos el presente?”. El presente puede entenderse como pertenencia, o como anuncio, advenimiento, el presente como atalaya de lo próximo, o como tiempo cero, como origen. Para Kant, el presente es una salida. El presente debe emprender la empresa de llevar adelante la relación preexistente entre la voluntad, la autoridad y el uso de la razón. La humanidad va a hacer uso de su propia razón sin someterse a ninguna autoridad. La crítica tiene el rol de definir las condiciones en las que el uso de la razón sea legítimo para determinar lo que se puede conocer, lo que hay que hacer y lo que está permitido esperar.

La segunda versa acerca de los umbrales de discontinuidad: “¿qué diferencia introduce el hoy en relación al ayer?”

Lo novedoso del texto kantiano es la reflexión sobre el hoy como diferencia en la historia y como motivo para una tarea filosófica particular. La modernidad no es entendida como periodo de la historia sino como una actitud, como un modo de relación con respecto a la actualidad. Algo similar a lo que los griegos entendían como un ethos.

La Ilustración es para Foucault un tipo de interrogación filosófica que problematiza nuestra relación con el presente y nuestro modo de ser histórico, así como también la constitución de uno mismo como sujeto autónomo. Habría que retomar esta actitud porque hasta que no podamos dar respuesta al presente, no podamos darle sentido, no podremos afirmar que hemos llegado a la mayoría de edad.

Como hace Foucault, hay que retornar al pasado para mirar la actualidad desde detrás, que vive de borrar las huellas. La actualidad falsifica el tiempo. No podemos dejarnos apresar por la moda, tenemos que distanciarnos de nuestro tiempo. La actualidad oculta que es presente, nos aprisiona, nos niega un futuro. Lo que nos libera de ella es acudir al pasado. Para, frente a la percepción de lo dado, poder imaginar lo posible. Y lo posible nos lo da el arte, ésta es su función más importante: crear posibilidades.

Written by umanoidemanme

15 septiembre, 2010 a 9:58

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