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¡Hagamos teoría!

La doctrina del doble efecto

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Hace un par de semanas escuché hablar por primera vez de “la doctrina del doble efecto” de Tomás de Aquino, fue en clase de filosofía de la acción y no me pareció convincente.

Podemos distinguir de entre los efectos de nuestras acciones los buscados (resultados) de los no buscados (consecuencias) y, según la doctrina del doble efecto, tendríamos una menor responsabilidad sobre los segundos.

La doctrina del doble efecto dice que si buscando un bien hacemos algo, esta acción puede tener también consecuencias no deseadas pero previsibles; así, aún sabiendo que traerá ciertos males, está justificado llevarla a cabo. Así justificaba Tomás de Aquino en la Summa Theologica el acabar con la vida de alguien que nos atacara para salvar la propia. Nosotros no queríamos matar al que nos atacó pero, si es una consecuencia necesaria de nuestra defensa, está justificada, nuestro objetivo no era otro que salvar la vida. No había intención de matarlo, sólo de salvarnos.

El ejemplo que nos puso el profesor Manuel Toscano en clase fue que en una guerra, un almacén de armamento enemigo es un objetivo lícito, sin embargo, cuando se toma la decisión de bombardearlo se sabe (por estadística) que cierto porcentaje de misiles, o lo que se use, fallará el blanco y se puede prever que habrá bajas civiles. Esta consecuencia no hace reprochable la decisión del bombardeo, está justificado.

Hacemos lo que hacen nuestras acciones. No podemos controlar todo lo que provocamos al hacer algo pero parece evidente que sí somos responsables de las consecuencias previsibles. Si actuamos en base a las creencias y deseos que tenemos, esas predicciones forman parte de nuestras creencias, no podemos aislar la creencia “acabar con el armamento del enemigo acortará la guerra” (o cualquier otra que justificara el ataque) sino que funcionamos con un sistema de creencias en el que la anterior y “cierto porcentaje de bombas fallan y matan civiles” están relacionadas. En el momento de tomar la decisión están ambas presentes y, aunque yo no quiera matar civiles, lo estoy haciendo y es responsabilidad mía. Entiendo que la justificación vendría de una ética utilitarista: que algunos mueran es mejor que la muerte de muchos (y más si esos muchos son los de mi bando).

La doctrina del doble efecto se usa en la actualidad sobre todo en bioética, para justificar decisiones médicas.

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