Theorein

¡Hagamos teoría!

Crítica de la Filosofía Española a la Reforma de la Verdad en el Inicio de la Modernidad

leave a comment »

Resumen del artículo Crítica de la Filosofía Española a la Reforma de la Verdad en el Inicio de la Modernidad de Gregorio Gómez Cambres publicado en el libro María Zambrano: Historia, Poesía y Verdad coordinado por Gregorio Gómez Cambres.

Tras la Modernidad se ha producido una crítica a la soberbia de la sola razón y se apuesta por un ‘pensamiento débil’ donde se tengan en cuenta otras dimensiones de la realidad humana. La ‘pura razón’ no sirve para un ‘saber de experiencia’ en el que el hombre se sienta realizado de un modo íntegro. Esto ya lo señalaron los filósofos españoles hace años, así como señalaron la desviación sufrida por el pensamiento en el inicio de la Modernidad en el tema de la verdad.

Según María Zambrano, el drama de la Cultura Moderna ha sido la falta inicial de contacto entre la verdad de la razón y la vida. Según Ortega y Gasset, el racionalismo renuncia a la vida para salvar la verdad.

La unidad de todo sistema de pensamiento se basa en tres momentos esenciales: razón, verdad, objeto. Si uno cambia, cambia todo el sistema. Si hubo una inflexión de la verdad en el racionalismo, también hubo un cambio en la idea de intelección y su objeto.

La vida de la Modernidad planteaba problemas distintos que los que preocupaban a los griegos, sin embargo el racionalismo usó los mismos conceptos griegos. Es tarea de la metafísica ir a la radicalidad de los problemas del hombre, transcender en las cosas mismas su contenido e ir a la realidad de ellas que es lo diáfano, lo transparente.

Zubiri dice que hay una mismidad entre la inteligencia y lo diáfano de las cosas. El ‘pensamiento débil’ de Zubiri consiste en la unidad inteligencia-diafanidad de las cosas. La inteligencia es algo determinado desde las cosas, es ‘misma’ con las cosas. Pero no son lo mismo y a las cosas les da igual que haya o no inteligencia, pero la inteligencia sin cosas no tendría función intelectual, la intelección depende de las cosas.

Los griegos se preguntaban por las cosas ‘que son’ pero la pretensión del saber moderno era ‘el pensar’. En esta pretensión hay una escisión entre claridad de las cosas y de la inteligencia. Se intenta dar remedio a esta ruptura por la vía de la fundamentación crítica de la metafísica pero la metafísica no es algo que está ahí, es la vida de la intelección. El filósofo que vive la filosofía, él mismo es la filosofía. La actitud del filósofo no hay que verla en cómo acepta o rechaza el pensar recibido sino que su problema está en presentar a la luz la metafísica interna y para ello tiene que modificar todos los conceptos recibidos y así poder incorporar los problemas nuevos que la vida real nos ofrece.

Con Descartes asistimos a la ‘verificación’ de la metafísica. El orden trascendental será el orden de la verdad. Lo diáfano, la claridad, es para él, problema de verdad. Descartes, como moderno, se mueve en el horizonte de la nihilidad, siente su contingencia que se configura en él como inseguridad. La incertidumbre es el estado de inseguridad del hombre en el proceso del conocimiento de sí mismo y del mundo. La ciencia que Descartes desea sobre el hombre y sobre el mundo, se quiere fundamentar sobre bases firmes, sobre certezas. Vive el orden trascendental como problema personal. Siente que la metafísica no es algo que está ahí sino que hay que hacer. Lo principal como fundamento de la metafísica, para él, es la verdad, la ‘verificación’ del orden trascendental.

Descartes roza la diafanidad, la claridad, al poner la certeza allí donde hay evidencia, videncia clara y distinta de las cosas. Pero la problematicidad de la metafísica no está en ver cosas claras, sino en la claridad misma. Según Zubiri, no es cuestión de contenidos sino de formalidad de realidad. Carga la balanza del pensar sobre la inteligencia humana y su verdad, poniendo en juego al yo humano y al divino. Así la filosofía cae en un voluntarismo, una ‘voluntad de razón’.

Descartes comienza su filosofía buscando una ultimidad sobre la que fundamentar el saber en certezas no mutables. Empieza meditando sobre la inteligencia porque es lo más inmediato que tenemos. Convierte la incertidumbre en ‘método’. La duda es el camino que conduce a la verdad, lo que resiste a la duda es ella misma y ella es un modo de pensamiento. En el ‘yo pienso’ encuentra la primera certeza, porque cuando pienso lo percibo de una manera clara y distinta.

Según Zubiri, las falsas ideas sobre la evidencia corren a partir de Descartes y alcanzan su última precisión en el pensamiento de Husserl. La evidencia no es simplemente claridad. La claridad reposa sobre la ‘exigencia de lo real’, la evidencia es la realidad aprehendida ya como real, que se despliega exigencialmente en claridad, es un momento del logos como modo de intelección sentiente. La noergia de la cosa real nos impulsa reteniéndonos y exigiéndonos su realización, saber qué es la cosa ‘en realidad’. Esta realización se llama ‘e-videncia’, videncia exigida, determinación exigida por la cosa real. Mi claridad está determinada por la exigencia de lo que estoy viendo.

La certeza es el último paso del movimiento intelectivo del logos. En la certeza se lleva a cabo una confirmación de la cosa real.

Zubiri dice que en la evidencia del cogito de Descartes no hay fundamentalmente claridad sino exigencia del estar-pensando. Lo claro no es que lo que hago sea ‘pensar’ sino que ‘estoy’ pensando.

La intuición no es lo mismo que el pensar, es la presencia inmediata, directa y unitaria de algo real en la intelección. El pensar pertenece al momento en que la intelección llega a ser conocimiento. La intuición en cuanto presencia visual es un modo de presencia intelectiva, pero hay otros modos de intelección. La intuición no es un modo de conciencia, de darse cuenta, lo formal de la intuición es el estar presente del objeto en la intelección, ‘estar físico’ de la presencia.

Por todo esto Zubiri afirma que Descartes en el acto intelectivo de la intelección como momento de la aprehensión primordial de la realidad se olvidó del ‘estar’ del ver, de la física realidad de la intelección visual. Y en el acto intelectivo del ‘estoy pensando’, que pertenece al nivel de la intelección en razón, se olvidó de la realidad del pensar.

En Descartes se inicia un proceso de sustantivación de la conciencia que culmina en Husserl pero la conciencia no existe como realidad. La conciencia es una cualidad de los actos psíquicos, no existe ‘la’ conciencia como realidad sustantiva.

La filosofía de Descartes es un voluntarismo que busca una seguridad para la vida, una seguridad que encuentra en la certeza del pensar. Pensar y existir es lo mismo. Su ‘pensar’ es ‘estar pensando’ y en ese estar físico del pensar ya se está en la realidad. Pensar es estar sopesando la realidad. Pero para conocer las cosas reales echa mano de la veracidad divina como garante de que su conocimiento es cierto. Descartes, al realizar la verificación del orden trascendental, se encuentra con dos direcciones de la verdad: la que da al ego como única realidad que envuelve la verdad y la que envuelve la realidad de su objeto que es Dios. Descartes fundamenta la verdad del ente finito en la verdad de la realidad de la idea del ente infinito, Dios.

Para Descartes, el orden real es como es por voluntad de Dios, aunque Dios haya creado el mundo conforme a las ideas que tenía en su mente, estas ideas son un acto de su libérrima voluntad. Tanto el orden de mi razón como el orden de las cosas reales son independientes, son libre voluntad de Dios, si coinciden es porque Dios quiere. Dios no me engaña porque es veraz. No hay inteligibilidad intrínseca del ente, es en un atributo de orden moral, la vericidad, donde se hace fundamentar el orden metafísico. Llega a una contingencia radical del orden trascendental.

El catolicismo coloca a Pascal como defensor del sentimentalismo religioso, defensor de la impresión en contra de la razón. Pero Pascal es mal interpretado cuando afirma que el corazón tiene sus razones que la razón no conoce. El corazón no es el ciego sentimiento por oposición a la pura razón cartesiana, es el conocimiento constitutivo del ser cotidiano y radical del hombre. María Zambrano defenderá el corazón como modo de intelección humana y no una mera metáfora, apostando por la unidad de vida y pensamiento, deseando alcanzar un saber integral de personas que vivan en certidumbre. Zambrano ofrece la creatividad de la ‘razón poética’, Zubiri su ‘razón sentiente’, para lograr la superación del racionalismo que aletargadaba a la Modernidad.

 

Anuncios

Written by umanoidemanme

31 enero, 2011 a 14:01

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: