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Los Bienaventurados

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En el parque

Resumen de Los Bienaventurados de Gregorio Gómez publicado en el libro María Zambrano: Historia, Poesía y Verdad coordinado por Gregorio Gómez Cambres.

La razón no es suficiente para acercarnos a la realidad y ver la verdad, por eso, tras el racionalismo surge en la filosofía un nuevo modo de conocer: el conocimiento poético, un conocimiento integrador de la experiencia humana. La vida es el centro sagrado de la realidad y escapa a la razón sistemática, es necesaria una razón poética.

El bienaventurado es aquel en el que se da la unidad de ser y vida. La experiencia filosófica no puede quedar reducida al punto del solo pensamiento sin asistencia de la vida porque, en palabras de María Zambrano, “la más elemental experiencia humana tiene caracteres de revelación”. En los místicos, el vacío que deja el olvido de su ser es el lugar propio para que la nada creadora muestre su fecundidad: la realización plena del hombre. Fecundidad que no se alcanza con la vía lógica sino por la vía del amor. Tanto filósofos como poetas, bienaventurados y místicos están unidos en la razón poética o vía del amor.

María Zambrano denuncia la problematización del hombre que lleva al peligro de la aniquilación de lo humano. Para ella todas las acciones humanas poseen una intención significativa: ser creadoras en la dirección de dar sentido a la vida del hombre. El hombre se expresa en sus acciones y sus acciones le sacan del conflicto, de la inseguridad inicial. Es la filosofía en cuanto acción intelectual la que lleva a cabo la tematización del conflicto, lo reduce y nace el problema. La creatividad humana es interpretación. La vida humana como drama comporta la interpretación del yo que forma estructura con su circunstancia.

Estamos solos y no sabemos nada, aceptando esto estamos ejerciendo la bienaventuranza de la pobreza de espíritu. Así nos quedamos frente a lo real, por mínimo que sea, cuando se presenta simplemente como real, como siendo lo que es. Lo que se sabe se queda en nada frente a ese algo que simplemente es. Hace falta una fe radical en la razón, en el ser, en el orden, para aceptar esta pobreza. Surge entonces el asombro que es entusiasmo encendido en la certeza de que hay un ser, un universo, un orden.

La mera experiencia filosófica no es suficiente para dar solución al hombre en su realización. Existe una experiencia más radical: la de la vida, una experiencia integral de la que ha de partir cualquier otra experiencia.

El místico, vacío de cosas, queda en el ser. El filósofo se encuentra vacío estando en el ser y ha de salir a las cosas y su ser. El poeta estando en las cosas busca en el vacío de ellas su ser. Son logos distintos y complementarios. De ahí que María Zambrano desee un saber integral del alma que se alcanza con un modo de razón unitaría: la razón poética o íntegra.

En el bienaventurado hay unidad de verdad y vida. Es un alma solitaria de sí y de los hombres y también de las cosas, en soledad siente la sed de verdad que colma la vida humana. Los bienaventurados son seres dichosos sumergidos en la desdicha. Predican con su vida la simplicidad del ser. Son seres de silencio porque son pura presencia. Es una vida constituida por los trascendentales (unidad, verdad, bondad y belleza). Se muestran en unidad de vida y pensamiento, son la unidad del ser del hombre prisionera de las contradicciones del mundo. La gracia, la realidad suprema, divina, se vierte en ellos.

Written by umanoidemanme

1 febrero, 2011 a 15:06

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