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La tecnología y la naturaleza humana en Frankenstein

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Hay muchas versiones del mito de Prometeo, que explica la naturaleza mixta del hombre. En la versión platónica narrada en el Protágoras, la fabricación del cuerpo del hombre, desde el barro ancestral, corre por parte de los dioses, y la animación del espíritu la llevan a cabo Prometeo y Epimeteo. Como Epimeteo gastó en los animales todas las cualidades físicas, no quedaba ninguna que ofrecerle a los hombres. Prometeo robó a Hefesto y a Atenea la sabiduría de las artes junto con el fuego y se los dio a los hombres para que pudieran protegerse de los peligros naturales. Zeus, preocupado por ellos, añadió a la dote el sentido moral, el pudor y la justicia, juzgando que la habilidad técnica era insuficiente para garantizar su bienestar y salvación (Platón, 320-323).

En este mito fundacional, se nos presenta la técnica como una parte de la naturaleza humana, inherente a su ser. Como señala Ortega y Gasset, “sin la técnica el hombre no existiría ni habría existido nunca. Así, ni más ni menos” (Ortega y Gasset 2008, 13). De este modo, Ortega y Gasset definió al hombre como una especie de centauro ontológico pues su ser “tiene la extraña condición de que en parte resulta afín con la naturaleza pero en otra parte no, que es a un tiempo natural y extranatural, que media porción de él está inmersa, desde luego, en la naturaleza, pero la otra parte trasciende de ella” (Ortega y Gasset 2008, 47). “Todos somos cyborgs en cuanto disfrutamos de ventajas técnicas que suplen nuestras deficiencias físicas” (Vega 2002, 131), pero estas mejoras también amplían las “posibilidades humanas en todos los campos: memoria, fuerza, longevidad, potencia sexual, cualidades biológicas”. El miedo a perdernos por completo en el artificio, nos exige imponer una frontera a la intromisión de la técnica en nuestra naturaleza física o nuestro bagaje cultural (Vega 2002, 132). Siempre hemos sido cyborgs pero ahora, al ir cada vez más lejos, la situación se torna más problemática: el miedo es cruzar este límite, perder nuestra humanidad transformándonos en post-humanos. “Al igual que Prometeo o la criatura de Frankenstein, el cyborg de los relatos modernos participa simultáneamente de dos órdenes, el divino y el humano, el natural y el artificial” (Vega 2002, 133). Vega equipara monstruosidad y alteridad en la novela de Mary Shelley. Así la monstruosidad sería, para Vega, símbolo de la alteridad, “una visión de lo otro” (Vega 2002, 134). Pero esta monstruosidad está en todos nosotros, no somos naturales, somos lo otro.

No podemos negar nuestra naturaleza mixta y, rechazando la técnica, huir a la naturaleza. Pues “tampoco la naturaleza es solidaria ni materna” (Vega 2002, 185). Tras la creación de la criatura, Victor Frankenstein hace una excursión a los Alpes: “la visión de la grandiosidad de la naturaleza siempre confirió dignidad a mis pensamientos, haciendo que olvidara las preocupaciones cotidianas” (Shelley 2002, 76). Sin embargo, en ella está el monstruo, lo que nos marca como un otro (Shelley 2002, 77). Aunque lo ansiemos, una vuelta a la naturaleza no es posible, pues nunca fue nuestro lugar. Así Frankenstein no puede apreciarla en su viaje de vuelta a Inglaterra: “En (Henry, su amigo), la avidez y el entusiasmo desbordaban, y disfrutaba de todo. Estaba atento a cualquier detalle, advirtiendo los cambios de color en el paisaje”. “El espectáculo de la naturaleza, que para otros era motivo de simple admiración, para él era motivo de absoluta pasión” (Shelley 2002, 121).

La dotación física natural del hombre en el mito prometeico es deficiente, así esta carencia es suplida mediante la técnica. La técnica es, según Ortega y Gasset, “la reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista a la satisfacción de sus necesidades”. Éstas son imposiciones de la naturaleza al hombre. “El hombre responde imponiendo a su vez un cambio en la naturaleza. Es, pues, la técnica la reacción enérgica contra la naturaleza o circunstancia, que lleva a crear entre éstas y el hombre una nueva naturaleza puesta sobre aquella, una sobrenaturaleza” (Ortega y Gasset 2008, 28). Como el hombre no puede sobrevivir en la naturaleza, debe adaptar el medio al sujeto, así “la técnica es lo contrario de la adaptación del sujeto al medio, puesto que es la adaptación del medio al sujeto” (Ortega y Gasset 2008, 31). Lo específico del hombre es reaccionar contra su entorno, no resignarse con que el mundo es, sino transformarlo. Ortega y Gasset caracteriza así a la técnica como “un movimiento de dirección inversa a todos los biológicos” (Ortega y Gasset 2008, 31-32). Esta reacción es intrínseca a la naturaleza humana: “un hombre sin técnica, es decir, sin reacción contra el medio, no es un hombre” (Ortega y Gasset 2008, 32).

 Ortega y Gasset no concibe la técnica como sujeta a una lógica interna que haga de su desarrollo un proceso autónomo ni intrínsecamente negativo, sino más bien como un rasgo específico y constitutivo del ser humano, que le brinda a éste una constante apertura de nuevas posibilidades para realizar el proyecto en que consiste su vida. Aunque las condiciones naturales permanezcan más o menos inmutables, nuestra creatividad altera constantemente nuestras condiciones de vida. Frente a la naturaleza estable, la sobrenaturaleza se encuentra en continuo cambio. De este modo, qué sea el hombre debe ser constantemente redefinido.

El empeño que impulsa el desarrollo de la técnica ha sido siempre, y no sólo ahora, la producción de lo superfluo. Pues, Ortega y Gasset subraya la paradoja que plantea las necesidades en el hombre: “para el hombre solo es necesario lo objetivamente superfluo” (Ortega y Gasset 2008, 34). Esto quiere decir que si la técnica es tan importante para el ser humano no lo es principalmente porque con ella pueda satisfacer sus necesidades biológicas básicas, sino que es porque con ella pueden satisfacerse esas otras necesidades “superfluas” sin las cuales una vida humana no sería tal. Porque el hombre “no tiene empeño alguno por estar en el mundo. En lo que tiene empeño es en estar bien” (Ortega y Gasset 2008, 34). Así Frankenstein reflexiona: “si nuestros impulsos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres; pero nos conmueve la más ligera brisa, y tan sólo una palabra o la imagen de cualquier detalle en la memoria, nos despierta los impulsos del corazón con la sobriedad del intelecto y de un espíritu elevado” (Shelley 2002, 76).

Ortega y Gasset no fue un optimista ingenuo en lo que se refiere a las promesas de la técnica. Por el contrario, si dedica su atención a ella es porque, según nos dice, la técnica se ha convertido “en un nuevo y gigantesco problema” (Ortega y Gasset 2008, 17). La impenetrabilidad que la técnica presenta para el común de los mortales hace del hombre actual alguien poco consciente de las condiciones bajo las cuales vive.

Para Langdon Winner, vivimos en una especie de “sonambulismo tecnológico”; caminamos dormidos voluntariamente a través del proceso de reconstrucción de las condiciones de la existencia humana. Se han producido grandes transformaciones en la estructura de nuestro mundo común y no hemos tenido en cuenta lo que implicaban dichas alteraciones. Las tecnologías no son simples medios para las actividades humanas, sino también poderosas fuerzas que actúan para dar nueva forma a dicha actividad y a su significado. Debemos comprender bien la tecnología, nuestra sobrenaturaleza, pues en ella somos construidos, hechos sujetos, de ella estamos atravesados. En la medida en que las tecnologías se construyen y se ponen en uso, ya están produciendo alteraciones significativas en los patrones de la actividad humana y de las instituciones humanas; por ejemplo, un nuevo nosotros nació con internet. Se están creando nuevos mundos, nuevos modos de vida, reestructurando los roles y las relaciones sociales (Diéguez 2005, 8). Así podríamos entender que la criatura de Frankenstein sea una referencia al nuevo modo de vivir en la tecnología y no a la tecnología misma, una nueva humanidad.

 

BIBLIOGRAFÍA:

DIÉGUEZ, Antonio. 2005: “El determinismo tecnológico: indicaciones para su interpretación”. Argumentos de Razón Técnica 8, pp. 67-87.

 ORTEGA Y GASSET, José. 2008: Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Madrid: Alianza.

PLATÓN. Protágoras. http://www.filosofia.org/cla/pla/protbil.htm 

SHELLEY, Mary. 2002: Frankenstein. Madrid: Rueda.

VEGA, Pilar. 2002: Frankensteiniana. La tragedia del hombre artificial. Madrid: Tecnos.

Written by umanoidemanme

8 marzo, 2011 a 1:39

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