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El problema del altruismo

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Con mamá

El problema del altruismo está relacionado con el problema acerca del nivel al que actúa la selección natural1. Si aceptamos que la unidad de selección del proceso evolutivo es la población, el grupo y no el individuo, no existe una paradoja ante las conductas altruistas. La naturaleza selecciona las prácticas altruistas porque son conductas de autosacrificio del individuo para el beneficio de la población2. Pero, como he dicho anteriormente, la unidad de selección del proceso evolutivo para el neodarwinismo es el individuo por lo que no puede deshacerse de la paradoja del autosacrificio. La sociobiología parece nacer falsada: “es común el sacrificio de las propias posibilidades reproductivas en favor de las ajenas”. La solución que propone la sociobiología a la paradoja del autosacrificio es explicar todo comportamiento altruista como la apariencia de una conducta egoísta más profunda. No existe un verdadero altruismo en la naturaleza, todo es egoismo expresado en conductas aparentemente altruistas3.

Otra teoría propone que la selección natural actúa en varios niveles (multi-level selection theory)4. La selección puede actuar al mismo tiempo a nivel individual y a nivel de grupo: “siempre y cuando las eficacias biológicas de los distintos grupos que componen una población varíen hereditariamente de unos a otros. (. . . .) Si también existen diferencias entre las eficacias de los individuos de un mismo grupo la selección actuará simultáneamente entre individuos y entre grupos”5. Actualmente ésta es la teoría más extendida. Con dos unidades de selección (individuo y grupo), “las presiones selectivas a que están sometidas cada una de ellas actúan en sentidos opuestos, de manera que su acción conjunta puede conducir a un equilibrio que garantice la permanencia de una cierta fracción de altruistas cuya cuantía depende de la importancia relativa de las dos fuerzas concurrentes”6. Wilson coincide con la tesis de Dawkins: “el organismo individual es sólo un vehículo, parte de un complicado mecanismo para conservar y propagar (los genes ganadores) con la mínima perturbación bioquímica”7.

La teoría de juegos, desarrollada por el matemático John von Neumann, fue aplicada en biología por Maynard Smith y hoy en día constituye uno de los pilares teóricos de la sociobiología8. El clásico problema de la teoría de juegos llamado “dilema del prisionero” (prisoner’s dilemma) se usa para formular el fenómeno cooperativo. Dos personas son arrestadas e interrogadas por separado. Cada uno debe elegir entre confesar (no cooperar) o guardar silencio (cooperar). Si uno confiesa y su cómplice no, todos los cargos caerán sobre el cómplice y la condena será dura, sin embargo el otro, el que confesó, quedará en libertad. Si los dos confiesan, los dos serán condenados pero las condenas serán menores. Si los dos guardan silencio, los dos serán castigados pero de una manera muy liviana. Lo mejor que puede hacer cada uno es confesar, es decir, no cooperar es lo más racional sin conocer las intenciones del otro, sin embargo, lo más beneficioso para los dos sería que ambos permanecieran callados9.

Cuando se completó el proyecto genoma humano se descubrió que en éste había solo unos 30.000 genes, algunos científicos pensaron que no eran suficientes para construir algo tan complejo como nuestra mente, lo que demostraba que debemos tener mucho espacio para el libre albedrío, así debía ser el entorno el principal troquelador de la naturaleza humana. Steven Pinker, psicólogo evolucionista, defiende que lo importante no es la cantidad de genes sino la manera en que estos se expresan, el algoritmo, la receta particular por la que los genes construyen estructuras biológicas de unas determinadas maneras en unos determinados momentos del desarrollo embrionario. Pero esa falta de material genético alimentó lo que se ha llamado el “mito del fantasma en la máquina”, la creencia, muy enraizada, de que las personas estamos habitadas por un alma inmaterial, responsable del libre albedrío. Es la idea de que, a parte de las moléculas que nos constituyen, hay algo más. Esta cuestión es la que David Chalmers denominó “problema fácil” y “problema difícil”10.

El “problema fácil” es la diferencia entre pensamiento consciente e inconsciente, a saber, que algunos tipos de información que se encuentran en el cerebro –lo que tenemos a la vista, nuestras fantasías, los planes, los placeres y contratiempos- son conscientes. Podemos tomarlos en consideración, discutirlos y permitir que guíen el comportamiento. Otras clases, como el control del ritmo cardiaco, las secuencias musculares para coger un lápiz e incluso las reglas gramaticales que usamos para ordenar palabras son inconscientes. Han de encontrarse en algún lugar del cerebro, ya que sin ellas no podríamos escribir, hablar, ni mantenernos con vida, pero se hallan apartadas de los circuitos de planificación y razonamiento. Así pues, el problema fácil consiste en distinguir la computación mental consciente de la inconsciente, identificar sus correlatos en el cerebro y explicar como se desarrolla. El “problema difícil”, y por tanto interesante, es el de la experiencia subjetiva, el por qué sentimos que un proceso consciente tiene lugar en nuestra cabeza, por qué nos sentimos unidad y hablamos en primera persona. Este problema consiste en explicar cómo surge la experiencia subjetiva a partir de la computación neuronal.

1Samir Okasha, “Biological Altruism”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (revisado el 28 de octubre de 2008), http://plato.stanford.edu/entries/altruism-biological/ (consultada el 1 de febrero de 2010).

2José Sanmartín, op. cit., 113.

3Ibid., 114.

4Samir Okasha, op.cit.

5Laureano Castro, Carlos López-Fanjul y Miguel Ángel Toro, op. cit., 14.

6Ibid., 15.

7Edward O. Wilson, op. cit., 3.

8Laureano Castro, Carlos López-Fanjul y Miguel Ángel Toro, op. cit., 112.

9Stephen Kuhn, “Prisoner’s Dilemma”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (revisado el 22 de octubre de 2007), http://plato.stanford.edu/entries/prisoner-dilemma/ (consultada el 5 de febrero de 2010).

10David J. Chalmers, La mente consciente. En busca de una teoría fundamental. (Barcelona: Gedisa, 1999).

Written by umanoidemanme

15 marzo, 2011 a 17:40

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