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El instinto y el lenguaje

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Muy a menudo el concepto instinto es usado de manera peyorativa. Solemos asociar los instintos exclusivamente al sexo, la violencia y la alimentación, aunque a veces decimos que un músico compone una melodía de forma instintiva y eso nos parece hermoso. Solemos pensar que los instintos son primarios y que el conocimiento es de algún modo superior, nos gusta pensar que nosotros, los humanes, podemos obviar nuestros instintos gracias a la razón y la cultura. Una idea muy extendida, sobre la que se basa el sentimiento de superioridad del ser humano, es que mientras que los animales no pueden escapar del influjo de los instintos, los seres humanos pueden aprender y comportarse con libre albedrío. Pero esta idea de que el instinto es algo que se observa en los animales mientras que el aprendizaje es patrimonio de los seres humanos es algo que está cambiando. La sociobiología está empezando a creer que el aprendizaje se da en todos los animales. Apunta Steven Pinker que incluso en la mosca del vinagre y el gusano de tierra se aprecia aprendizaje, de forma que eso no es lo que nos hace especiales a los seres humanos, al revés, los seres humanos tienen probablemente más instintos que los animales por ejemplo tenemos un instinto para la probabilidad y otro para el lenguaje.

El lenguaje supone probablemente el mayor orgullo de la especie humana. La capacidad de transmitir pensamientos mediante la mera ordenación de sonidos ha permitido acelerar el avance intelectual del hombre y ubicarlo en el privilegiado puesto que ocupa hoy en la escala evolutiva. Sin embargo, este tesoro de la humanidad que permite a los hombres comunicarse, al mismo tiempo es el responsable de los multiples malentendidos entre comunidades. Desde sus inicios el lenguaje se ha diversificado en una gran variedad de idiomas, siendo ya cerca de 60.000 las lenguas habladas en nuestro planeta. La lengua es concebida hoy como uno de los signos mas distintivos de las muchas civilizaciones presentes, una bandera emblemática que se custodia, mima y defiende a ultranza, por ello inculcamos a nuestros hijos un legado lingüístico con el fin de asegurar la perpetuación de un idioma amado, porque una lengua es una manera de entender el mundo.

Wilson distingue tres hipótesis posibles sobre cómo los niños aprenden el lenguaje: el modelo probabilístico de izquierda a derecha, el modelo aprendido de estructura profunda y el modelo innato de estructura profunda. Según el primer modelo, que ya casi ha sido eliminado, el niño “aprende cuáles son las palabras que debe unir en cada circunstancia apropiada”. Según el segundo, “el niño, de forma más o menos inconsciente, aprende la íntima estructura de su propia cultura”, los “principios formales por los que las frases de palabras, se combinan y yuxtaponen para crear nuevos significados”. Según el tercer modelo, estos principios formales existen pero son genéticos, si no totalmente, al menos parcialmente1.

Pinker sostiene que la lengua la crea el niño, ya que el niño no memoriza una serie de frases y las repite para el resto de vida, sino que tiene que componer nuevas frases, lo que quiere decir que tiene que pensar en la lógica del lenguaje. Cuando se piensa en la computación que está en el trasfondo del lenguaje, en lugar del vocabulario, se puede ver como hay muchas lenguas diferentes que en realidad son muy similares y que funcionan con la combinación de nombres, verbos, sujetos, es decir que el lenguaje revela la unidad de las mentes humanas en lugar de las diferencias. Pinker piensa que esto mismo es extensible a cualquier tabú o regla cultural, por ejemplo el tabú sexual que mientras que la gente cree que es solo el producto de la sociedad represiva y que se pueden eliminar cambiando las actitudes en realidad esa conducta reposa sobre nuestra naturaleza humana. En lo que respecta a esta teoría lingüística Pinker ha sido acusado de innatista al no responder a la pregunta de cómo llega el niño a entender el significado de las palabras. Los innatistas, en la estela de Chomsky, de los que Pinker forma parte, se han encontrado siempre más cómodos con la gramática que con la semántica, ya que ésta última tiene un carácter innegablemente cultural Pinker no tiene en cuenta que el habla se produce en un entorno de intención comunicativa: una mente desea dirigirse a otra mente. Bruner (que aplicó la idea de la zona de desarrollo próximo de Vigotsky al aprendizaje de la lengua) observó que en la relación lingüística entre la madre y el bebé esta intención suele darse en un formato que permite al niño-aprendiz pronosticar y anticipar (la madre simplifica el lenguaje, aunque no por eso lo convierte en agramatical, los nombres que suele usar la madre para designar objetos hacen referencia al objeto completo, lo que facilita que el niño no confunda la palabra “conejo” con “hierba” cuando la madre señala al conejo, y la entonación mas marcada de la madre cuando nombra el objeto orienta la atención del aprendiz). En definitiva, lo que se ofrece al aprendiz no es la potente gramática generativa sino un lenguaje simplificado en entornos pronosticables y con una semántica asumible. Bruner fue desdeñado por los innatistas en el campo del estudio acerca de la adquisición del lenguaje acusado de pragmático al preocuparse por el uso del lenguaje, pero ocurre que aquellos que los despreciaron suelen confundir habla con gramática.

1Edward O. Wilson, op. cit., 574-575.

Written by umanoidemanme

1 abril, 2011 a 12:44

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