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Responsabilidad y desarrollo tecnológico en Frankenstein

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En obras

Hay en el hombre, como en Frankenstein, un doble sentimiento contradictorio acerca del poder que le da la técnica. “Unas veces me estremecía ante la adquisición del poder; otras, mi estremecimiento era de incertidumbre ante el probable resultado de ese poder” (Shelley 2002, 160), decía Frankenstein. “La tecnología representa para la humanidad una gran esperanza al tiempo que una gran amenaza” (Diéguez 2004, 311), su poder nos deslumbra a veces y nos aterra otras.

Sabemos que el desarrollo industrial y el crecimiento de la población mundial han llegado en la actualidad a un punto insostenible. Los recursos energéticos y las materias primas, que en otro tiempo parecieron ilimitados, se agotan (Diéguez 2004, 313). Para los tecnófilos, que siempre miran con optimismo el desarrollo tecnológico, los problemas creados por la tecnología serán resueltos por ella misma (Diéguez 2004, 312). Sin embargo, estando en juego nuestra supervivencia, “no parece muy sensato cruzarse de brazos a esperar que la respuesta venga sólo de la ciencia y la tecnología” (Diéguez 2004, 313). En la novela, esta opción hubiese sido la aceptación de la exigencia de la criatura. Una apuesta por que la tecnología solucione los problemas que ella misma crea. Habría sido confiar en la palabra del monstruo y darle lo que quería: una compañera a la que amar. Pero la actitud de Frankenstein, en este momento crítico de la novela, es tecnófoba, por eso desconfía del monstruo.

La tecnofobia de Frankenstein surge tras dar vida a la criatura. La misma noche del experimento, Frankenstein dice: “durante casi dos años, yo me había privado del descanso en mi empeño por infundir la vida a este ser inmundo, y ahora que lo había conseguido, la triste realidad llenaba mis sueños de terror y repugnancia. Incapaz de soportar por más tiempo aquella visión, una creación detestable de un perturbado mental lleno de soberbia, huí del laboratorio a mi dormitorio” (Shelley 2002, 47). Y, al día siguiente, se apresuró a salir a la calle “con paso rápido, tratando de huir del monstruo que creía ver aparecer en cada esquina”. No era capaz de regresar a su casa, necesitaba alejarse; ni tan siquiera le preocupaba que estuviera lloviendo, “lo único que quería era desaparecer de la escena” (Shelley 2002, 48). Prefería huir Frankenstein antes de enfrentarse a su criatura y vuelve a huir más tarde, en el juicio de Justine. El científico se sabía responsable y por eso dijo: “no pude soportar por más tiempo la terrible injusticia que se estaba gestando, y con una súbita angustia que me embargaba por momentos, huí de la sala alborotado y torturado”. “Al menos ella tenía su conciencia limpia y cristalina, porque por mi parte, los remordimientos se clavaban en mi alma con más intensidad que nunca” (Shelley 2002, 69).

El monstruo no parece ser responsable de sus actos, sino que aparece más bien como víctima de las circunstancias y Frankenstein intenta escapar de su responsabilidad. No obstante, el monstruo le persigue, es imposible escapar de la tecnología. No podemos pretender abandonarla y volver a la naturaleza, pues somos seres tecnológicos.

 

BIBLIOGRAFÍA: 

DIÉGUEZ, Antonio. 2004: “Responsabilidad y desarrollo tecnológico”, en J. M. Atencia y A. Diéguez (coords.), Tecnociencia y cultura a comienzos del siglo XXI. Málaga: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, pp. 311-328.

SHELLEY, Mary. 2002: Frankenstein. Madrid: Rueda.

 

3 comentarios

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  1. Crear inteligencia artificial representaría un gran dilema moral, como demuestra Mary Shelly en su libro, ya que cuando el doctor V. Frankenstein creó a su “monstruo”, lo hizo puramente por su interés científico, y cuando el monstruo quedo libre en el mundo, fue rechazado por la aún algo primitiva sociedad victoriana; claro que en el caso de un robot, podría o no ser rechazado debido a lo antinatural de su presencia y a sus obvios usos como (en falta de un mejor termino) sirviente de la humanidad, pero al ser inteligente, el robot contaría como un ser en el sentido mas técnico de la palabra, y, al ser utilizado como una maquina común, en contraste con un ser humano, el robot podría llegar a sentirse discriminado y rechazado al igual que el monstruo de Frankenstein, y programarlo para no sentir tal cosa sería un tipo de opresión.

    anonima2822

    22 agosto, 2015 at 3:45

    • debo añadir que apenas estoy explorano los límites de este sitio web, y que me alegra que aún haya gente en alguna parte del mundo que demuestra preocupacion por esta clase de cosas

      anonima2822

      22 agosto, 2015 at 3:51

      • me disculpo por mi garrafal falta de ortografía, quise decir :”explorando”

        anonima2822

        22 agosto, 2015 at 3:52


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